El rencor se define como un sentimiento de malestar y desagrado hacia alguien que se percibe como responsable de un daño o sufrimiento ocurrido en el pasado.
Sus sinónimos incluyen amargura, malevolencia, enemistad, odio, malicia (y la lista continúa). El rencor a menudo comienza cuando alguien se ofende, o al menos se siente ofendido. Con el tiempo, se aferra al dolor y la ira, y eso afecta el modo en cómo ve a esa persona.
Es importante destacar que no siempre quien alberga rencor tiene razón; a menudo, este sentimiento carece de un fundamento justo y verdadero.
«No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19:18)
Muchas personas acumulan un gran rencor al negarse a aceptar una verdad que ha estado presente y latente.
La latente incapacidad de reconocer humildemente que están en un error es, precisamente, lo que alimenta el rencor.
Un individuo resentido y con escasa humildad puede convertirse en una fuente de dolor y sufrimiento para quienes lo rodean, especialmente si no saben manejar la situación con sabiduría.
Todo caerá por su propio peso y la mentira quedará al descubierto.
A veces, las personas intentan defender una mentira, pero esta no puede sostenerse por mucho tiempo; tarde o temprano, la verdad reclamará su lugar.
Quien cultiva rencor hacia otra persona que simplemente ha buscado ser justa y transparente arrastra con un dolor que es autoinfligido.
«Deja la ira, y desecha el enojo; No te excites en manera alguna a hacer lo malo» (Salmo 37:8).
No es posible justificar lo que no es moralmente correcto, incluso cuando se trata de familiares. La relación de parentesco no justifica la defensa de mentiras.
Aunque el rencor pueda parecer justificado en ciertos casos, en realidad es un esfuerzo por sostener una mentira, y las mentiras no se defienden; se desvanecen, ya que la verdad siempre se impondrá. La verdad proviene de Dios, mientras que la mentira se asocia con la oscuridad.
Una persona rencorosa buscará la manera de vengarse y difamar a quien le ha causado un profundo resentimiento.
Si la persona atacada actúa con integridad y transparencia, el rencoroso se verá obligado a inventar falsedades para intentar socavar su reputación.
Estas personas viven en un estado de tormento continuo, incapaces de reconocer con humildad que están equivocadas. Así, se sumergen en la oscuridad de sus propias mentiras, que solo las conducen a la miseria.
La Biblia nos enseña que debemos responder a las ofensas de manera amorosa y pacífica. En Mateo 5:39, Jesús nos dice: «Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal.
Es desafiante enfrentar situaciones en las que otros intentan menospreciar y levantar falsos testimonios en nuestra contra, simplemente por ser personas rectas que defienden su verdad.
La angustia que provoca lidiar con individuos capaces de inventar cualquier cosa por venganza es palpable, alimentada por su rabia y frustración ante una verdad que les incomoda.
Sin embargo, esta experiencia puede ser una gran oportunidad de aprendizaje. Es esencial comprender que quienes sienten rencor tienen un considerable trabajo por hacer en su amor propio y en sus relaciones con los demás.
El rencor se convierte en un veneno para el alma; cuando albergamos resentimiento hacia otros, estamos dañándonos a nosotros mismos.
En lugar de amarnos, nos maltratamos y atormentamos, llevando un peso que no nos conduce a un destino positivo.
Un siervo del Señor no debe andar peleando, sino que debe ser bondadoso con todos, capaz de enseñar y paciente con las personas difíciles. Instruye con ternura a los que se oponen a la verdad. Tal vez Dios les cambie el corazón, y aprendan la verdad.
Es fundamental observar la situación desde una perspectiva elevada de conciencia y aceptar que es parte del proceso de evolución como seres humanos.
Es necesario perdonar a estas personas que se dedican a calumniar y levantar mentiras en tu contra para liberarte de un peso que no te mereces..
Por más que quieran defender una mentira llegará el momento en que la verdad tomara el trono y ocupara su lugar.
Aceptar una situación dolorosa con amor y compasión nos permite ver con mayor claridad la realidad: las personas rencorosas están atrapadas en su propio dolor, carentes de humildad y amor.
Lo único que podemos desearles es que encuentren la luz y la paz que solo Dios puede ofrecer.
Las personas rencorosas deben reconciliarse con Dios, pues el rencor las aleja de su amor.
Para acercarse a Dios, es necesario liberarse de este resentimiento y optar por el perdón hacia quienes simplemente han querido defender su verdad, un derecho que todos poseemos.
La verdad siempre prevalecerá y debe imponerse ante la mentira.
Defender una mentira es como nadar en un mar del cual nunca se alcanzará el objetivo de herir y destruir a alguien, todo por la negativa de aceptar la verdad, que finalmente traerá liberación y paz interior.
Entiendo que aceptar una verdad conlleva un trabajo interno significativo, y muchas personas no están dispuestas a realizar este esfuerzo, prefiriendo optar por el camino más fácil y cómodo de refugiarse en una mentira.
Sin embargo, esta mentira eventualmente se desvanecerá, ya que la verdad siempre encontrará su lugar, mientras que la falsedad será desmantelada.
Aquellos que defienden mentiras pueden perder su credibilidad y quien pierde su credibilidad pierde parte de su esencia y respeto hacia sí mismo.
Muchos creen que pueden dedicarse a inventar mentiras de otras personas sin tener que enfrentar las consecuencias de sus mentiras pero con el pasar el tiempo las consecuencias se harán sentir porque el tiempo divino marcara el inicio de una justicia que es implacable y justa para todos.
Por otro lado, quienes son afectados por estas calumnias suelen mantenerse tranquilos y serenos, observando y escuchando las habladurías en su contra.
Tienen la confianza de que hay un poder divino en el universo que está atenta a cada mentira y calumnia.
Cuando llegue el momento adecuado, se hará justicia y todo se colocará en su lugar.
Cada situación que Dios permite tiene un propósito y una vez cumplido ese propósito, la justicia se manifestará para todos aquellos que quisieron defender una mentira por no aceptar una incómoda verdad.
Muchos quieren jugar a ser Dioses y creer que se pueden tomar la libertad de inventar mentiras y calumniar a las personas como si tuvieran el derecho y el poder de hacerlo pero esos que un día quisieron jugar a ser Dioses van a tener que enfrentar la justicia divina, que en el tiempo correcto se manifestará en todo su esplendor.
Recuerda que lo que siembras, es lo que cosecharás. Si solo has sembrado mentiras, las cosechas estarán marchitas, ya que nada bueno puede prosperar en un terreno repleto de falsedad.
La mentira te debilita pero la verdad te fortalece.
Maria G.
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