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Cuando se perdona de verdad ✨❤️
Me siguen llegando mensajes relacionados con el perdón, así que quiero aprovechar la oportunidad para compartir una reflexión sobre una situación reciente con una persona con la que mantuve una amistad.
Como autora del libro Una vida de perdón, suelo compartir historias en las que soy yo quien concede el perdón. Sin embargo, en esta ocasión es al revés: esta persona me escribió para decirme que "me ha perdonado".
El motivo de este ofrecimiento fue que olvidé felicitarla el día de su cumpleaños. Ese simple descuido fue el detonante para que se enojara y sacara a relucir muchas cosas que, al parecer, guardaba muy dentro. Me dijo varias frases, pero la que más me sorprendió fue que me tachó de "persona cruel". Es la primera vez en mi vida que alguien me dice algo así.
Decirle a una persona que es cruel es sinónimo de decirle que es una persona malvada que está llena de maldad y que no tiene piedad por las personas. Creo que es una de las palabras más pesadas que existen. Llamar a una persona cruel es como decir que el amor no habita en su corazón.
El tamaño de esa palabra habla del profundo dolor que arrastra una a persona en su corazón. Quando una persona te toca con palabras tan pesadas como definir a una persona cruel es porque en su corazón hay cosas que limpiar porque una persona con el corazón limpio no se expresa de esa manera con una persona que ha sido gentil contigo y que por cometer un pequeño error de inmediato la defines como una persona cruel. Un pequeño error opaca todo lo anterior, todo lo demás que has hecho por esa persona viene siendo opacado y olvidado y no apreciado por un pequeño error.
Cuando una persona no es feliz o lleva una herida en su corazón se va a desquitar ferozmente con la primera persona que le toque ese dolor y generalmente son muy duros exactamente como lo ha hecho esta persona.
Ya sabía que esta persona no es feliz pero no sabía que iba a llegar tan lejos y que iba a utilizar palabras tan fuera de lugar, me he quedado realmente sorprendida con sus palabras con su desprecio y sus ganas de hacerme sentir mal. Es la ocasión perfecta para empatizar con el dolor de esa persona y no tomarme las cosas de manera personal.
En su momento le pedí disculpas si se había sentido herida por mi olvido, pero no obtuve respuesta.
Me alegró ver su mensaje porque creí que por fin podíamos continuar con nuestra amistad, pero lo que pasó después es lo que quiero dejar como reflexión.
Esta persona decía que me concedía el perdón, pero al mismo tiempo comenzó a reprocharme lo sucedido aquel día. Traté de entender qué era lo que tanto le dolía, reiterándole que no felicitarla no fue intencional, simplemente se me olvidó y jamás quise herirla. A medida que seguía hablando, quedó claro que no era un perdón real y genuino. Cuando perdonas de verdad, no utilizas reproches ni cuestionamientos; simplemente ofreces el perdón y sueltas el pasado.
Personalmente, he tenido la oportunidad de perdonar a muchas personas y nunca he acudido al reproche o al juicio por las palabras dichas. Pero esta persona me ofrecía un perdón con ataduras. La comunicación se volvió un espacio cargado de drama y victimismo, y desde ahí es muy difícil llegar a una solución armoniosa, ya que la otra persona se empeña en culparte y juzgarte. Es una clara señal de que aún no ha sabido perdonar.
Yo he perdonado cosas mucho más pesadas que olvidar simple cumpleaños. He perdonado la humillación, la calumnia, la mentira, la indiferencia, la traición, el desprecio, la hipocresía, el rechazo, el bloqueo, la deshumanización humana, el egoísmo, la avaricia, la envidia, la falta de respeto y nunca pero nunca en mi vida he ido a estionar a esas personas sus actitudes y sus palabras.
📌Nunca me lo he permitido y nunca lo voy a hacer. Un perdón verdadero no cuestiona, no reprocha, no señala simplemente perdona y se libera un sentimiento que te aleja de Dios.
Debo admitir que me sorprendió mucho su actitud, especialmente viniendo de alguien muy espiritual y que dice estar muy cerca de Dios. Pero entiendo que la espiritualidad no siempre significa haber trabajado todas tus sombras, y sé que para muchos perdonar es sumamente difícil.
Para mí es algo natural: puedo perdonar y soltar sin necesidad de cuestionar, juzgar o hacer sentir culpable al otro. Si haces esto, no es un perdón genuino, sino condicionado, donde buscas que la otra persona "arregle" el pasado para tu decidir qué hacer con tu rencor no resuelto.
Creo que es necesario también conceder un perdón con mucha humildad sin querer sentirte superior a la otra persona que quieres perdonar.
Perdonar es un acto de amor y se tiene que hacer con ese mismo nivel de compresión sin tener la necesidad de querer cuestionar el comportamiento y actitud de la persona a la que quieres conceder el perdón.
El hecho de que una persona haya cometido un error no nos da el derecho de señalarlo o juzgarlo o hacerlo sentir que es un mendigo de nuestro perdón.
Para concluir la conversación, esta persona volvió a atacar con palabras pesadas. No le devolví el golpe, pero sí le sugerí que se conectara más con Dios para que la ayudara a sanar lo que aún tiene pendiente.
Puedo comprender profundamente las heridas ajenas, pero cuando alguien se comunica desde el drama, el victimismo y la culpa constante, hay que saber cuándo retirarse y soltar la situación. En estos casos, lo mejor es orar para que Dios le dé la claridad, el entendimiento y el discernimiento necesarios para liberar su corazón.
Como bien dicen, lo que hay en tu corazón se proyecta directamente en tu forma de expresarte y en las palabras que utilizas; quien no es feliz o está herido, saca su amargura a través de ellas.
En la primera ocasión la perdoné por llamarme cruel, y en esta segunda debo perdonarla de nuevo por todas las palabras hirientes que prefiero no mencionar.
📌 No guardo ningún rencor, odio ni resentimiento. Entiendo que sus palabras nacen del dolor de una persona que no es feliz, y por eso empatizo con su situación y se lo dejo todo a Dios.
Puedo comprender su dolor, pero no puedo cargar con un peso que no me corresponde; eso es algo que solo ella puede resolver reconociendo su herida y aceptándola con humildad.
El primer paso para sanar es precisamente ese: soltar el pasado, el victimismo y el drama. Nadie que viva atrapado en ellos podrá ser capaz de perdonar de verdad.
Pude cerrar la conversación un poco incómoda pero con una pasa absoluta. Es normal que una actitud de este nivel te puede incomodar pero no tiene que robar tu paz.
Mi paz no es negociable tengo la capacidad de soltar lo que no me corresponde y ofrecer un perdón desde lo más profundo de mi corazón.
Lamento que se pierdan amistades porque el orgullo, el resentimiento y la falta de humildad dominan un corazón. Una persona sana no anda lastimando a nadie; florece, comparte luz y transmite la esperanza de que la vida, cuando perdonamos, es mucho más bella.
Una herida no es una sentencia para vivir en la amargura y la tristeza; se puede sanar con amor y recuperar la paz que todo ser humano merece.
Yo puedo dar testimonio de que es posible salir del dolor y mirar la vida con amor. Estoy enamorada de mi camino y profundamente agradecida con Dios, quien me dio el conocimiento y la capacidad de sanar mis propias heridas —incluso sin necesidad de terapia— y de evitar caer en dinámicas destructivas que nos consumen emocionalmente.
Dios es bueno y misericordioso, y sabe obrar en cada uno de nosotros. Solo hay que pedir con fe para que escuche con amor nuestra petición.
🌟🎧 Si te está costando mucho conceder un perdón pídele Alexa la siguiente canción: elijo perdonar por amor 🎵
María G.











