Translate

martes, 18 de agosto de 2026

Mi profesor gay



  • El maestro cruel y el peso de la compasión

    ​Estaba tranquilamente leyendo en mi sofá cuando me vino un recuerdo de hace más de dieciocho años, cuando estudiaba en la universidad. Lo había olvidado por completo, pero de pronto volvió a mi mente con una lucidez impresionante.

    ​Sucedió durante la época de exámenes finales. Por un compromiso personal, el profesor —un hombre homosexual— había cambiado los horarios de la evaluación. Como el nuevo turno me complicaba la llegada, le pedí permiso para incorporarme un poco más tarde, algo que él aceptó sin ningún problema.

    ​El detalle vino al entrar al aula. Todos mis compañeros estaban ya concentrados en sus hojas y me di cuenta de que no había ninguna silla libre para mí.

    ​Inocente, pregunté en voz alta si alguien podía ayudarme a buscar una silla para sentarme. El maestro me miró con un enojo desmedido, me alzó la voz y me habló en un tono profundamente despreciativo. Lo que le molesto fue que usara la palabra "caballero" para pedir la ayuda. En mi país, "caballero" define a un hombre que se porta con honor, amabilidad y distinción; mi intención jamás fue incomodarlo a él ni a nadie. Supongo que tuvo un mal día y decidió pagarlo conmigo, rematando con un tajante: "¡No tienes que decir caballero!".

    ​Al escuchar su reacción tan feroz, me sentí tan humillada que estuve a punto de romper a llorar. De inmediato, un compañero se levantó amablemente a buscarme un asiento (aún recuerdo con gratitud el rostro de ese chico).

    ​En aquellos años yo era una persona tímida, muy insegura y arrastraba una herida de rechazo paterno que aún no lograba sanar. Al no sentirme valiosa para mi padre, buscaba constantemente la aprobación ajena. Que una figura de autoridad me tratara de esa manera sin motivo alguno me destrozó por dentro. A pesar del dolor, no guardé rencor. Lo que sucedió días después fue lo que muchos llamarían "karma" o la oportunidad perfecta para vengarme.

    ​Estábamos en clase cuando un estudiante entró a pedirle algo al profesor. Ante la negativa del maestro, el alumno se enfureció y lo insultó gritándole "¡bugarrón!", un término despectivo utilizado para referirse a los hombres homosexuales.

    ​El aula entera explotó en carcajadas. Los estudiantes se burlaban abiertamente de él sin el menor disimulo, y pude notar la vergüenza y la humillación reflejadas en el rostro del profesor.

    ​Para cualquiera en mi lugar, habría sido un momento de victoria; la vida le estaba devolviendo el trato despreciativo que me dio a mí. Sin embargo, no sentí ese sabor a venganza. Mientras todos se reían, yo me quedé muy seria observándolo y sentí una profunda compasión por él.

    ​Sabía que era un hombre gay orgulloso y quizás prepotente, pero detrás de esa coraza había un ser humano con sentimientos. El hecho de que me hubiera lastimado no despertó en mí el deseo de verlo sufrir. Me puse en su lugar y entendí la impotencia de ser humillado frente a un grupo de adultos que le habían perdido el respeto.

    ​Lo que él me hizo a mí dolía, en especial porque tras verme al borde del llanto ignoró mis sentimientos y no tuvo la decencia de pedirme disculpas. Aun así, fui incapaz de pagarle con la misma moneda.

    ​Eso es lo que ocurre cuando en tu corazón hay empatía. La vida a veces gira la moneda a tu favor para poner a prueba tu carácter. La reacción más fácil habría sido reírme a carcajadas junto a los demás, pero no pude adoptar un papel vengativo.

    ​Esta experiencia me enseñó que jamás debemos desearle el mal a nadie, no importa cómo nos hayan tratado. Antes o después, la vida pone a cada quien en su lugar. Soltar el rencor y salir del victimismo es la única vía para enfrentar las adversidades desde el amor, la compasión y la dignidad.


Dios dice que tenemos que tener paciencia, perdonarnos y amarnos los unos a los otros. La Palabra nos lo recuerda claramente:
"Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia. Tolérense unos a otros y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes."
— Colosenses 3:12-13

María G.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Entrada destacada

The return of Jesús