Tener una buena relación con Dios parte 2
El dinero
Para tocar este tema se necesita que nos demos un baño muy profundo de humildad para poder reconocer lo que nos tiene anclados en creencias que nos están alejando de Dios.
Cuando tienes una buena relación con el dinero te evitas mucha ansiedad, frustración enojo, envidia, angustia y sobre todo tienes una buena relación con Dios.
Para poder tener una buena relación con Dios debes relacionarte de manera sana con el dinero.
Es importante que puedas definir claramente lo que el dinero representa para ti en tu vida.
Generalmente el dinero ha representado p factores principales para el ser humano:
Seguridad
Valor agregado
Placeres
Necesidades humanas
A. Seguridad
Es cierto que el dinero nos da una seguridad y una tranquilidad que es humanamente aceptable. Pero cuando pasamos la línea de lo necesario a no saber decir qué es suficiente, se convierte en algo que deja de ser sano.
Todos queremos tener una cierta seguridad económica, pero no todos podemos conseguirla, y eso está bien, porque el no tener esa seguridad nos da la oportunidad de confiar y poner en práctica la herramienta más poderosa que tiene el ser humano.
La fe es una herramienta potente para aquellas situaciones de adversidad e incertidumbre económica donde podemos confiar y elevar nuestra confianza en Dios, sabiendo que Él es el proveedor de todas las cosas y que a través de su infinita misericordia nos dará lo que necesitamos para vivir dignamente.
Muchas personas viven angustiadas porque no tienen la seguridad económica que quizás otros a su alrededor sí tienen, y esto puede generar mucha ansiedad. Cuando vivimos en este estado de angustia por no tener la seguridad que tienen los demás, estamos demostrando que nuestra fe es pobre.
Mateo 6:34: «Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal».
El futuro aún no ha llegado y las personas quieren vivir afanándose por resolver lo que aún no termina de manifestarse.
Dios nos invita a vivir el presente y dejar que el mañana traiga sus propios afanes, confiando siempre en su guía, en su voluntad y en que Él será nuestro proveedor.
El problema hoy en día es que todo el mundo quiere tener una seguridad garantizada, y si no la tiene, se llena de ansiedad. Esto sucede por una falta de fe, porque donde hay fe no hay ansiedad; donde hay fe no hay miedo.
La manera más eficaz de saber si tu fe está operando es el modo en que te sientes al terminar de hacer una oración.
Por ejemplo, si le pides a Dios que te ayude a encontrar un trabajo y después de terminar esa oración te sientes en calma, en tranquilidad y serenidad, quiere decir que le aplicaste la fe a esa oración.
Sin embargo, si haces esa oración y luego te sientes con la misma ansiedad, la misma preocupación y esa misma noche no puedes dormir, quiere decir que tu oración ha sido totalmente vacía, sin la fe.
Por eso Jesús dice que la fe sin obras es muerta en sí misma. Esto quiere decir que no podemos hacer una petición sobre algún problema y quedarnos con la misma angustia y preocupación; eso sería una fe sin obras, porque no estás confiando en que a través de tu oración se resolverá el problema.
Una fe con obras es la de una persona que eleva una oración y se queda tranquila y serena, confiando plenamente.
Esa tranquilidad y serenidad son las obras de las que habla Jesús. Si tu oración va acompañada de paz, entonces has podido elevar una oración llena de fe.
B. Valor agregado
Esta es otra trampa en la que caemos fácilmente porque estamos rodeados de una sociedad que define a la persona por los bienes materiales que posee.
Si crecimos con esa creencia, lo más probable es que todos queramos buscar ese dinero que nos pueda dar un valor agregado, porque creemos que así los demás nos tratarán mejor y nos mirarán con admiración. Sin embargo, no te estás dando cuenta de que estás buscando validación en el mundo y no ante los ojos de Dios.
Debes buscar ese valor a través de una conexión profunda con Dios; de esa manera puedes alejarte del afán de usar el dinero para confirmar tu valía como persona.
Tu valor no está en la casa en la que vives, ni en el carro que utilizas para transportarte, ni en el tipo de trabajo que tengas. Nada de esto define lo que vales. No permitas que una sociedad consumista y materialista te haga dudar de tu dignidad como ser humano.
Cuando soltamos esa creencia, podemos dejar de perseguir el dinero para confirmar lo que valemos. Lo importante es tener lo suficiente para vivir una vida digna y respetuosa. No podemos cruzar la línea de vivir en la miseria bajo el pretexto de un desapego absoluto; ese no es el mensaje que quiero transmitir. El deseo es que cada persona reflexione y entienda que, una vez que tiene lo necesario para vivir dignamente, no tiene que seguir acumulando riquezas solo para demostrar su valor. Lo material es temporal y va mucho más allá de los bienes tangibles.
El amor al dinero puede hacer que una persona se pierda totalmente en cosas superficiales que no llenan el alma, viviendo en una confusión constante sobre lo que es la verdadera felicidad.
Mientras más una persona ama el dinero, más probabilidades tiene de sentirse tentada a cometer actos deshonestos que atentan contra su integridad moral.
Un espíritu libre no puede dejarse controlar por los placeres de la carne. Las personas relacionan el dinero con la supuesta felicidad porque saben que a través de él pueden obtener gratificación instantánea.
Si vivimos con el deseo constante de dar placer al cuerpo, es fácil que le demos prioridad al dinero, dejando la honestidad y la integridad a un lado.
C. Placeres
Cuando crees que necesitas ciertos placeres, puedes estar cayendo en una trampa donde lo único que haces es tapar un vacío o una carencia emocional.
No digo que unas buenas vacaciones no sean agradables, pero después de que terminan, tienes que regresar a tu realidad.
Si tu realidad es caótica, un viaje no va a resolver el caos mental o espiritual que hay en ti.
Tampoco el alcohol, el fumar, las parrandas y las fiestas pueden lograr apagar por un momento tu miseria; luego de que pasan esos momentos de placer, vuelven a encenderse aquellas sombras, la oscuridad, el dolor o el vacío.
Cuando observas que ciertas personas se obsesionan con determinados placeres, verás que están intentando anestesiar problemas emocionales. Una persona plenamente feliz no siente la necesidad de recurrir a placeres superficiales para sentirse bien.
Es importante reconocer nuestras sombras, aquello que nos está alejando de Dios, y establecer prioridades claras enfocadas en lo eterno, ya que las cosas del mundo son pasajeras.
D. Necesidades humanas
Esta es la razón más legítima por la cual debemos relacionarnos con el dinero: verlo como un medio para suplir nuestras necesidades y vivir una vida digna, sin caer en su esclavitud.
Saber entender cuándo es el momento de detenerse y no seguir trabajando por un dinero que no se necesita para vivir con dignidad.
Es necesario tener un lugar donde dormir, alimentos para nutrir el cuerpo, un medio de transporte y recursos para cubrir medicinas en caso de enfermedad. Todas estas cosas son necesarias, y es a través del dinero que podemos obtenerlas.
El dinero es un medio indispensable para conseguir los bienes y servicios que necesitamos para vivir como Dios manda.
El problema surge cuando las personas mezclan todo lo anterior, pensando que el dinero les dará valor agregado, que definirá su felicidad, que será su fuente de seguridad y que además suplirá sus necesidades.
Combinar todos estos factores es el cóctel perfecto para que las personas sean capaces de ser deshonestas por obtener riquezas, alejarse de sus familiares por disputas monetarias, robar, calumniar o envidiar. Ahí es donde caemos en la oscuridad absoluta debido a una mala relación con el dinero.
Vemos el dinero como lo más importante en nuestras vidas sin darnos cuenta del gran error que estamos cometiendo.
Si para nosotros el dinero es lo primero, Dios pasa a un segundo plano. Al ver el dinero como el proveedor de seguridad, placer, valor y felicidad, sientes que ya no necesitas a Dios.
Por eso muchas personas cometen el error de anteponer el dinero y desplazar al Creador.
Para tener una relación saludable con el dinero, debemos reconocer que su única función real es suplir nuestras necesidades básicas para tener una vida digna. El resto —la seguridad, el valor y la felicidad— nos lo proporciona Dios.
Cuando confías en Dios, todo llega y la carga deja de ser pesada, porque sabes que Él es bueno, misericordioso y escucha las oraciones de sus hijos. Por eso Jesús dijo: «Pide y se te dará».
Si pedimos con fe y con un alma limpia de odios y rencores, nuestras oraciones son escuchadas por el Creador.
Si estás utilizando el dinero de manera respetuosa y no lo derrochas en vicios ni placeres mundanos, tus necesidades estarán cubiertas, porque Dios ve que le das un uso correcto y honrado.
¿Por qué hay tantas personas que tienen problemas económicos?
Es muy probable que estas personas se hayan dado cuenta de que se están relacionando con el dinero de una manera totalmente incoherente con su verdadero valor.
Si una persona continúa comprando ropa costosa que no necesita, zapatos caros, va a restaurantes lujosos o pide préstamos para adquirir un carro de lujo, se está endeudando por cosas innecesarias. Entiendo perfectamente que existen situaciones reales de enfermedad o necesidad, pero hablo de aquellos casos donde las deudas provienen de hábitos económicos deficientes, atrapando a la persona en un círculo vicioso constante.
Personalmente, a la edad que tengo, puedo decir que nunca le he pedido prestado dinero a nadie; no sé lo que es tener deudas y siempre he tenido lo necesario para vivir dignamente. Respeto el dinero y lo gasto de manera sabia. Esto no quiere decir que de vez en cuando no me dé un gusto, como es humanamente posible, pero no lo derrocho en cosas que al final no importan.
Entiendo que mi relación con el dinero está conectada directamente con la necesidad de un ser humano de obtener bienes y servicios para una vida digna.
Esto me permite vivir en total libertad y tranquilidad, sin la presión social de tener que poseer, acumular y acaparar cosas temporales. Nada de lo que obtenemos en este mundo nos lo llevaremos el día que muramos; todo se queda, ni siquiera tu ropa interior.
Si nuestro paso por este mundo es temporal, ¿por qué nos afanamos tanto por acumular cosas pasajeras? Imagínate si la vida fuera eterna en esta tierra: ¿cómo viviría la gente? A pesar de saber que estamos aquí por poco tiempo, muchos viven en un afán constante de acumular como si fueran eternos. Esto es un sistema heredado de una sociedad consumista, y automáticamente adoptamos ese patrón sin detenernos a reflexionar si realmente queremos dedicar nuestra vida a acumular bienes efímeros.
Mateo 6:19-21:
«No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón».
Considero que el dinero es uno de los factores más fuertes que nos alejan de Dios, ya que nos lleva a priorizarlo y a convertirnos en personas egoístas, avaras, mentirosas o envidiosas, influenciadas por creencias limitantes.
En resumen, si queremos tener una buena relación con Dios, debemos cambiar la manera en que nos relacionamos con el dinero, porque es precisamente este el que puede apartarnos de una comunión cercana con Él.
Cuando pones a Dios en primer lugar y dejas al dinero en el segundo, florecen en ti la honestidad, la empatía, la generosidad y el amor al prójimo.
Una persona que ama el dinero no puede amar al prójimo, porque siempre pondrá los recursos económicos por delante de las personas: familiares, amigos, compañeros de trabajo o pareja sentimental.
Cuántos conocemos relaciones rotas de manera irreversible por dejar que el dinero sea lo primero.
Quien rompe una relación afectiva por asuntos monetarios demuestra que no tiene una cercanía real con Dios, pues de tenerla, priorizaría la paz y la concordia a pesar de cualquier disputa material.
Las personas se dejan manipular fácilmente por el dinero, alejándose irremediablemente de Dios.
Es fundamental relacionarnos de manera sana con el dinero para que no siga destruyendo familias ni afectos. Recordemos que estamos de paso por este mundo, que todo es temporal y que lo único verdaderamente importante es nuestra relación con Dios, para que el día que nos toque partir podamos ir hacia Él con el corazón limpio de rencores y lleno de su amor.
María G.
Continuará...

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