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viernes, 6 de febrero de 2026

El brillo de tus ojos


 Una mañana, me estaba preparando para ir a la montaña con unos amigos, sin imaginar que ese día la vida tenía algo diferente reservado para mí. Comenzamos nuestro viaje temprano y decidimos hacer una parada en un lugar para tomar algo antes de continuar. 
En ese lugar, había una enorme estatua en forma de ángel, y me quedé contemplando su belleza bajo un hermoso cielo azul y despejado.

Al regresar al carro, algo llamó mi atención. Me giré para ver quién era y no dudé en acercarme para averiguar qué necesitaba. Era un hombre que parecía vivir en la calle, evidentemente por su forma de vestir con una hermosa canasta en su mano una.

Este hombre me miró directamente a los ojos y noté un brillo impresionante en su mirada. Con una sonrisa, me pidió si podía comprarle la canasta que habia hecho el mismo. 

Le respondí que le daría un poco de dinero, pero que se quedara con la canasta para que pudiera intentar venderla a otra persona asi podia ganar un poco mas de dinero.

Después de esto, no pude contenerme y regresé rápidamente al carro, abrumadaq por un deseo intenso de llorar. No sé exactamente qué fue lo que me impactó tanto, pero me sorprendió ver a una persona en la calle con tanta necesidad y al mismo tiempo, con una expresión asombrosa de felicidad en su rostro.

Lo que más me conmovió fue que él no me pidió dinero; en cambio, vino a ofrecerme un producto que había hecho con sus propias manos para ganarse la vida. Este gesto fue realmente conmovedor y tocó profundamente mi alma y mi corazón.

Dentro del carro, lloré desconsoladamente, como pocas veces lo he hecho en mi vida. La mirada de este hombre y su deseo de vivir y su alegría impactaron mi ser, haciendo que afloraran emociones que llevaba guardadas desde hace tiempo.

Entiendo perfectamente lo que es estar en la calle, no tener un hogar, y conocer la necesidad de un techo y de un trabajo que cubra nuestras necesidades. Comprendo que este hombre debe sufrir a causa de la indiferencia de los demás, quienes lo juzgan por su condición de escasos recursos. 

Para muchos, su valor es mínimo. Sin embargo, en el brillo de sus ojos reflejaba una luz que muchas personas han perdido, a pesar de tenerlo todo. Este hombre, a pesar de no poseer nada, parecía tenerlo todo, ya que no había perdido la chispa en su mirada.

Recuerdo que uno de mis amigos mencionó que había observado al hombre mirándome desde lejos. No se acercó a los otros amigos; fue directamente hacia mí. 

Admiro a las personas que, a pesar de estar en situaciones difíciles, saben sonreír y mantener un corazón agradecido por lo que aún poseen.

Nunca olvidaré el brillo en los ojos de ese hombre humilde, lleno de alegría y ganas de vivir dignamente, sin robar o aprovecharse de nadie. La pobreza no convierte a una persona en delincuente; antes de robar, se puede pedir ayuda, y siempre habrá un corazón bondadoso y misericordioso dispuesto a extender una mano en momentos difíciles.

Después de aquel encuentro, pasé varias veces por el mismo lugar, esperando volver a verlo. Me habría gustado hablar con él, ya que aquella vez el nudo en mi garganta no me lo impidió; lamentablemente, nunca no pude volver a encontrarlo, como si la tierra se lo hubiera tragado.

La verdad es que, en mis más de diez años viviendo en Italia, era la primera vez que veía a un hombre en esas condiciones.

El mensaje de esta historia es claro:

No priorices el dinero en tu vida ni permitas que te lleve a cometer actos deshonestos o crueles contra otros. 

No dejes que la vida te convierta en un esclavo del dinero. 

No permitas que el dinero cause divisiones en tu familia, ni que te llene de amargura y rencores. No permitas que el dinero envenene tu alma, ni que te robe la paz interior. 

No permitas que el dinero controle tu vida o te convierta en una persona avara y egoísta.

La vida no se trata de acumular bienes, sino de crear momentos inolvidables y especiales con las personas que amamos.

María G.


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