Un día, temprano en la mañana, me preparaba para ir a trabajar. Cuando me subí al coche y traté de encenderlo, todo parecía estar bien hasta que intenté ponerlo en reversa para salir del garaje. Sentí que estaba bloqueado y, tras maniobrar un poco, finalmente pude poner la marcha atrás.
Durante mi trayecto al trabajo, pensé que probablemente necesitaría llevar el coche al mecánico, ya que esto podría ser un problema serio que afectaría su funcionamiento adecuado. Mientras estaba en el trabajo, me preocupaba la situación del vehículo, ya que tener un coche con problemas siempre genera inquietud. Sin embargo, tomé una respiración profunda y decidí confiar en Dios, expresando: “Dios mío, dejo esto en tus manos; sé que resolverás este problema, así que confío en ti”.
La fe que deposité en esas palabras me brindó calma y serenidad. Al finalizar mi jornada, regresé al coche y volví a intentar ponerlo en reversa, dándome cuenta de que aún presentaba el mismo inconveniente. En ese momento, tomé mi celular para buscar un mecánico que pudiera ayudarme, pero enfrenté dificultades. Anteriormente, había tenido malas experiencias con dos mecánicos de la zona, quienes intentaron aprovecharse de mí por ser una mujer sola.
A menudo, se asume que las mujeres carecen de conocimientos mecánicos, lo que algunos mecánicos utilizan para aprovecharse de la inocencia y elevar el costo de reparaciones innecesarias. Después de buscar durante un tiempo, no me decidí por ninguno, pues mis experiencias anteriores habían minado mi confianza en las personas, quienes a menudo priorizan el dinero sobre la integridad y la honestidad en su trabajo.
Este comportamiento es vergonzoso, especialmente en aquellos que, careciendo de necesidad económica, permiten que la avaricia los lleve a actuar de manera deshonesta. Después de buscar un poco más en mi teléfono, decidí alejarme del lugar y, de repente, algo me llevó a observar más detenidamente la parte del coche que me estaba causando problemas.
Al examinarlo con atención, hice un sorprendente descubrimiento: había dejado una goma que utilizaba para amarrarme el cabello atrapada en la palanca de reversa, lo cual impedía que pudiera insertar la marcha correctamente. Al quitar la goma, el problema desapareció.
Así me di cuenta de que mi coche no tenía ningún problema y que había resuelto algo que creía ser grave en cuestión de minutos. Creo firmemente que confiar en Dios y tener una fe inquebrantable puede facilitar nuestra vida. Dios me indicó que observara con más detenimiento, lo que me permitió comprender que era la goma la causa del inconveniente y que solo tenía que retirarla para que dejara de existir.
Puse plena confianza en Dios, y Él me respondió. Esta experiencia demostró que mi fe fue la fuente de la calma y serenidad que sentí. Pensé: “Dejo todo esto en manos de Dios; Él lo resolverá”, y fue así como mi preocupación se desvaneció. Fue en ese momento cuando comenzó a surgir la magia: al regresar al coche, me di cuenta de que estaba funcionando perfectamente. Si no hubiera puesto especial atención a esa parte del carro hubiera tenido que llevar el carro al mecánico estando perfectamente bien y el mecánico se hubiera aprovechado de nuevo de mí. Pero mi confianza en Dios me reveló la solución.
La fe tiene un poder inmenso, y Dios nos invita a creer y confiar en Su tiempo y proceso divino, recordándonos que todo llega en su momento adecuado.🙏
Sustituye la preocupación y el miedo por la fe en Dios cultiva la fe en Dios que tu fe en Dios sea inquebrantable y que aunque no puedas ver resultados aún confía en el proceso.
María G.

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