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lunes, 6 de enero de 2025


 Tú puedes perdonar la traición pero eso no quiere decir que tengas que quedarte con esa persona.

Lo más sano sería que perdones y te alejes. 


Si esa persona no sana su problema de traición no puede haber una reconciliación. 


Esa persona tiene primero que sanar su problema de traición y demostrar un arrepentimiento genuino de lo contrario tú puedes perdonar pero debes a alejarte definitivamente por tu salud física y emocional.

En caso de mujeres con hijos también es lo más recomendable porque si tú no estás bien emocionalmente esto también va a afectar a tus hijos.


Una persona con problemas de traición seguirá traicionando aunque tú lo perdones. El hecho de que tú perdones y decidas continuar con la relación no quiere decir que el problema se haya solucionado. 


Su traición es una bandera roja de alerta que no puedes solucionar con un perdón.

La persona tiene que ser tratada con un profesional para que le ayude a sanar su problema de traición y así poder salvar la relación. 


Si la persona no está dispuesta a querer sanar su problema de traición tú debes mantener la decisión firme de no aceptar una reconciliación. 

Esto debes hacerlo por tu bienestar físico y emocional. 


Las personas con problemas de traición son personas que pueden causar mucho daño emocional porque seguirán traicionando y su traición te causará mucho dolor emocional.

También puedes resultar afectada con posibles y potenciales enfermedades de transmisión sexual. 


Estas son dos poderosas razones por las cuales podrás mantener una posición firme de no reconciliación con esa persona. 


Debes poner en primer lugar tu amor propio y proteger tu cuerpo y tu mente que son tu templo y solo tú podrás cuidarlo mejor que nadie. 


Recuerda siempre,


Nunca descuides tu amor propio por una relación.


Asha Soy


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sábado, 4 de enero de 2025

El dinero perdido


El dinero perdido

El dinero que nunca recibí

 

En la actualidad, la sociedad nos está conduciendo por un camino de destrucción, y lo más alarmante es que lo estamos permitiendo. El dinero, considerado el arma más destructiva del planeta, ha llevado a la devastación de naciones enteras y nos enfrenta a la amenaza de que, en el futuro, pueda ser la causa de otra destrucción histórica sin precedentes. Este recurso, que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades básicas y asegurar un lugar donde vivir, se ha transformado en un arma de doble filo.

 La raíz de este problema radica en la incapacidad del ser humano para establecer límites en relación con el significado del dinero en sus vidas. La publicidad, difundida a través de diversos medios de comunicación y redes sociales, desempeña un papel crucial en este dilema contemporáneo. Muchos han sucumbido a la trampa de una sociedad que define la felicidad en términos monetarios. Sin embargo, esta trampa trasciende la influencia de la sociedad o de los círculos familiares.

Lo más preocupante es que la humanidad parece ignorar las consecuencias fatales que pueden surgir si continúan otorgando al dinero un lugar inapropiado en sus vidas.

 

El dinero ha sido el causante de innumerables rupturas familiares, divorcios masivos, enemistades, odios y rencores, así como de guerras, masacres y actos vergonzosos ante la mirada divina. He observado que el dinero está adquiriendo cada vez más poder y, en medio de su feroz influencia, está provocando una considerable destrucción en las relaciones humanas.

Al salir de casa, me tomo un momento para observar los rostros de las personas y, en ocasiones, tengo la oportunidad de escuchar conversaciones breves. En cada diálogo, el tema del dinero surge inevitablemente como causa de discusiones, separaciones, descontento, tristeza, sufrimiento, desesperación y preocupación en numerosas familias.

Las personas se encuentran en una búsqueda frenética de más y más dinero, sin detenerse a cuestionar las razones detrás de este anhelo ni si realmente lo necesitan. En la sociedad actual, la falta de ambición puede llevar a que alguien sea considerado un fracasado.

Muchos sienten la presión social de correr de un lado a otro en pos del dinero; si uno no participa en esta carrera, puede ser etiquetado como alguien sin aspiraciones. No se debe cruzar la delgada línea que separa a quienes tienen aspiraciones de aquellos que saben vivir y fluir en el presente.

 

 

Definir la felicidad en función del dinero puede llevar a una debilidad personal, ya que condiciona nuestra satisfacción. Esto implica que, si no poseemos una cantidad suficiente de dinero, podríamos caer en la infelicidad, lo que resulta en una felicidad limitada y dependiente de factores externos. Es sorprendente cuántas millones de personas continúan trabajando por dinero que ni siquiera necesitan, atrapadas en un concepto erróneo acerca de su valor. Esta percepción errónea puede llevar a un estado de esclavitud del cual les resulta difícil liberarse.

En mi experiencia, la relación que tengo con el dinero me ha proporcionado calma y tranquilidad, ya que lo percibo de manera diferente. Considero el dinero como una herramienta esencial para la supervivencia y para satisfacer nuestras necesidades básicas, lo cual nos permite mantener o alcanzar una vida digna que todos los seres humanos merecen.

A mis 44 años, jamás he cruzado ese límite; he mantenido siempre esa visión sobre el dinero y, gracias a ello, he podido experimentar un estado de paz y armonía que de otro modo sería inalcanzable. El verdadero problema con el dinero surgen cuando se le otorga una importancia excesiva. Muchas personas están dispuestas a hacer sacrificios extremos para adquirirlo, lo que da lugar a disputas, discusiones, rencores y divisiones entre familias, parejas, amigos y otros.

La clave está en aprender a vivir y fluir en el presente, sin permitir que el dinero defina nuestra felicidad.

He enseñado a mi hija la verdadera importancia del dinero, para que no se convierta en una esclava de él. Gracias a esta educación, ella tiene un concepto más elevado del dinero, lo que le permitirá vivir en un estado de paz y armonía, y seguramente le ahorrará muchos conflictos y momentos difíciles innecesarios provocados por cuestiones financieras.

¿Te has preguntado qué relación mantienes con el dinero? ¿Has educado a tus hijos sobre su manejo? ¿Cuál es su verdadero valor?

La ambición puede ser una compañera engañosa, ya que puede llevarte a un estado de ansiedad, preocupación e insatisfacción, torturándote a lo largo de tu vida. Desde pequeña, he escuchado a muchas personas hablar sobre la ambición, enfatizando su importancia para construir un futuro exitoso. Sin embargo, me pregunto: ¿qué significa realmente el éxito?

He observado que algunas personas, en su búsqueda del éxito, se convierten en esclavas del dinero. Dedicando sus vidas a trabajar por dinero, descuidan la posibilidad de disfrutar de una existencia plena, convirtiendo al dinero en su jefe. Considero que el verdadero éxito radica en alcanzar un estado de bienestar personal. Muchos confunden el éxito con la felicidad, creyendo que, al alcanzar exito, también obtendrán felicidad.

Sin embargo, ¿cuántas personas se encuentran ahora en la cima del éxito, pero se sienten infelices al mismo tiempo?

Muchos padres han cometido el error de hablar a sus hijos de ser ambiciosos sin darse cuenta que allí es donde puede estar su verdadera perdición y condenarse a vivir una vida de miseria. Quién  busca la felicidad en el dinero solo encontrará la miseria espiritual y nunca se sentirá completo al contrario seguirá buscando ese algo que lo llene sin darse cuenta que mientras más persiga el dinero más vacío se sentirá.

 

Hubo una ocasión en la que un familiar muy cercano me pidió prestado una cantidad de dinero. Mi manera simple y austera de vivir me permitió siempre tener un poco de dinero en el bolsillo dándome así la oportunidad de prestar mi dinero a mis familiares cercanos y amistades.

 

En esos días había un familiar cercano que necesitaba dinero y se acercó a mí pidiéndome un poco de dinero prestado el cual yo sin ningún tipo de problemas acepté.

Luego de efectuar el préstamo pasó un buen tiempo. Nunca me interesé en saber cuando se me iba a entregar el dinero, siempre fui  muy desapegada del dinero pero al mismo tiempo nunca me faltó.

 

Luego de un tiempo este familiar cercano empezó a comportarse de manera diferente conmigo.Empezó a regalarme zapatillas, ropas y  comida, estaba muy sorprendida porque esta persona no era egoísta pero tampoco puedo decir que era de regalar así por así las cosas.

 

Su comportamiento me sorprendió, pero al mismo tiempo me alegró, ya que a todos nos gustan los regalos. Un día me dijo: "Mira, estas zapatillas son para ti", y al siguiente, "Tengo un dulce para ti". Este gesto continuó durante varios días. Para mi sorpresa, un día descubrí la verdadera razón detrás de su generosidad y amabilidad hacia mí.

Una tarde, me entregó una lista que contenía todos los obsequios que me había hecho, afirmando que así había saldado la deuda que tenía conmigo. En esa lista figuraban los regalos que creía recibía de manera altruista, junto con el precio de cada uno, sumando un total que supuestamente correspondía a lo que ella debía pagarme en efectivo, pero lo había hecho a su manera. Naturalmente, me quedé sin palabras. No podía creer lo que me había dicho; era casi como una burla y lo consideré una falta de respeto e irresponsabilidad.

Durante un tiempo, pensé que sus gestos generosos eran manifestaciones de cariño y afecto, solo para darme cuenta de que había tramado todo para devolverme la deuda de la manera más conveniente para ella. Lo más apropiado habría sido que me preguntara si realmente deseaba recibir el dinero a través de esos regalos o si prefería el efectivo. Sin embargo, no se tomó la molestia de consultarme sobre cómo quería que se saldara su deuda.

Esta persona se tomó la libertad de decidir cómo quería compensarme, y lo más sorprendente es que yo no le cuestioné en absoluto.

Esta experiencia resalta la importancia de tener un concepto claro sobre el dinero; si hubiera sido una persona que otorga gran relevancia al dinero, probablemente me habría molestado con este familiar cercano, y quizás la situación habría derivado en una discusión, la cual pude evitar gracias a mi perspectiva sobre el tema.

Imaginemos cómo podría haber evolucionado la situación si esta persona me hubiera ofrecido regalos en lugar de efectivo como forma de pago.

Si hubiera insistido en recibir el dinero en efectivo, ¿cómo habría podido resolver el conflicto? Ya contaba con los zapatos que me había dado y había consumido la comida, lo que complicaba las cosas, ya que ella no deseaba obsequiarme los artículos, sino simplemente compensarme de esa manera.

Hubiera sido casi imposible que ella me pagara en efectivo, ya que habría tenido darme sus regalos sin razón alguna. Dudo que ella estuviera dispuesta a ofrecerme el dinero después de haberme hecho esos obsequios; incluso si se lo hubiera solicitado, no creo que hubiera accedido a hacerlo.

El dinero no debería separar a las personas ni generar rencor o enojo entre ellas. Su propósito es satisfacer nuestras necesidades, y más allá de eso, su valor es limitado. El problema surge cuando otorgamos al dinero una importancia que supera su verdadero significado.

Cuanto más apego se tiene al dinero, mayor es la posibilidad de caer en conductas deshonestas. Esto se debe a que quienes están excesivamente atados al dinero enfrentan un conflicto interno, en el que su ansia por obtenerlo puede llevarles a actuar de manera poco ética.

En mi propia experiencia, la relación que he cultivado con el dinero me ha permitido evitar conflictos que podrían haber provocado malestar entre las partes involucradas. Hay una frase que dice que debemos saber elegir nuestras batallas, y esta era una contienda que no tenía sentido para mí, a pesar de que la acción en cuestión no fue moralmente correcta. Al escribir estas líneas, recuerdo el incidente y puedo afirmar que he perdonado un acto que, aunque pequeño, resultó significativo.

No se trata solo de dinero; también implica la manera en que actuamos ante quienes nos han prestado una suma, sin la intención de devolverla de la misma manera en que fue otorgada. Más allá de lo monetario, se trata de ser personas coherentes y honestas.

En ningún  momento se me pasó por la mente iniciar una discusión por este comportamiento  irresponsable de su parte.

En ningún momento consideré iniciar una discusión sobre su comportamiento irresponsable. Tanto mi ser querido como yo hemos demostrado quiénes somos a través de nuestras acciones, y aunque hemos cometido errores humanos, estos merecen ser perdonados.

¿Quién puede afirmar que nunca ha cometido un error en su vida? Todos hemos fallado en algún momento, y es precisamente por ello que debemos ser comprensivos y pacientes ante los errores de los demás.

A través de esta experiencia pude confirmar que el dinero no es mi prioridad porque las relaciones humanas valen mucho más.

Las posesiones que atesoras no definen tu esencia. ¡Tu auténtico valor resplandece desde lo más profundo de tu interior

Maria G.

Extracto del libro: Una vida de perdón


 Otros capítulos,

La amiga traidora

La amiga traidora


Una buena amiga no es aquella amiga perfecta es una amiga que a pesar de sus imperfecciones te tiene cerca..

Las amigas como cualquier otra relación no tienen y no son absolutamente perfectas pues ellas también cometen errores como lo comete una madre como lo comenta una hermana como lo comete un padre como lo comete una tía, como lo comete un hijo y eso está bien.

Los errores son para aprender y dichoso aquellos que saben tomar con sabiduría y humildad las elecciones que le presenta la vida.

Un día aquella que yo consideraba como mi mejor amiga a la cual apreciaba y confiaba que tenía una gran estima tanto que casi la tomaba como una referente maternal ya que la presencia de una madre siempre me faltó. 

Apreciaba de ella su manera gentil y afectuosa de tratarme. Ella se preocupaba por mí y yo valoraba y apreciaba ese hermoso gesto de parte de ella.

Disfrutaba hablar con ella y compartir tiempo juntas con las cenas que organizamos y con las actividades que compartíamos que teníamos en común.

Ella es extranjera igual que yo y quizás eso nos unió aún más viviendo en un país que no era nuestro.

Yo soy una de corazón muy abierto y le tomo afecto y cariño a las personas muy fácilmente. Las personas no tienen que esforzarse mucho para ganarse un lugar especial en mi corazón y ella sin lugar a duda se había ganado un lugar en este grande corazón que acoge con amor incondicional aquellos seres que la vida me da la oportunidad de conocer y poder establecer conexiones especiales que marcan nuestra vida para siempre.

Un día en las cosas cambiaron de repente de manera improvisada e  inesperada dejándome con un en un limbo donde solo había un vacío que tuve que aceptar con amor resignación.

Ese día había decidido pedirle ayuda a mi amiga porque me encontraba en una situación de dificultad pero su reacción fue la menos esperada.. aquella querida amiga aquella apreciada amiga aquella amiga que yo admiraba y confiaba me había bloqueado de WhatsApp porque no le había gustado la ayuda que le había pedido.

Era la única amiga que tenía y me quedé si una amiga que me apoyara en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Era como quedarse sola mira en medio del desierto se diente por un poco de agua pero nadie podía darte al menos unas gotas así que se siente como morir por no encontrar esas gotas de aguas que necesitas para poder pasar el desierto y no morir en el intento.

En ningún momento me pregunté me cuestioné porque a mí porque me pasa a mí estas cosas porque a veces la vida puede ser tan dura cuando realmente la vida no quiere maltratarte solo quiere acomodarte solo quiere ayudarte a desarrollar tu mayor potencial y que entienda que eres una persona poderosa y que no necesitas refugiarte en las palabras de alguien para sentirte fuerte porque tu mayor fortaleza radica en tu interior y en la conexión que tienes con Dios.

Han pasado más de tres años desde aquel día en el que tuve que darme cuenta que había perdido una amiga había perdido una hermana había perdido una madre había perdido la única amiga que tenía.

Cada vez que pienso en ella siento compasión por ella a veces me la encuentro caminando por la calle y simplemente la observo con ojos de compasión porque mi corazón no era rencor.


El rencor te aleja de la gracia de Dios


Quizás para muchos es muy difícil perdonar a una persona que considerabas tu amiga y que te ha dado la espalda en los momentos más difíciles de tu vida pero en mi caso se me ha hecho fácil hacerlo porque no sólo la he perdonado a ella he tenido la gran oportunidad de perdonar una gran lista de personas.

Te preguntarás cómo le haces para perdonar de una manera tan fácil y ligera.

Te preguntarás cómo es que no me complico en conceder un perdón de corazón.

Te preguntarás cómo será capaz de ayudar a esta persona si la veo en dificultad sin ningún tipo de resentimientos rencores odio.

Te preguntarás como será capaz de ofrecer una ayuda genuina de corazón como si aún fuera mi mejor amiga.

Todas estas preguntas son válidas y seguramente están sostenidas en alguna convicción o creencia o quizás tú lo puedas llamar algo poder sobrenatural.

Todos tenemos ese poder solo que muchos aún no lo han desarrollado pero todos tenemos la habilidad y el poder de perdonar y este perdón solo puede ser concedido a través del amor.

El amor es más fuerte que el rencor y puede romper con cualquier barrera que pueda interponerse entre ese amor que debe existir entre los seres humanos.

Te voy a explicar de una manera sencilla cómo se me hace tan fácil perdonar a quien ni siquiera me ha perdido perdón porque es un perdón de amor incondicional.

Las razones por las cuales yo perdono a esta persona están sostenidas por dos razones principales.

La primera es la más importante de todas y es la siguiente:

Yo soy plenamente consciente que el rencor me aleja de Dios y me aleja de la gracia de Dios porque si yo llevo rencor por una persona es como si llevara rencor por Dios porque ese ser humano es parte de Dios y es parte de su creación y si yo amo a Dios debo amar todo lo que viene de él.

Para mí es importante mantener una conexión con Dios y el perdón es el canal que me mantiene bajo la gracia de Dios y no hay nada que pueda lograr separarme de su gracia y de su presencia.

El perdón es una demostración de amor hacia Dios.

Yo amo a Dios sobre todas las cosas y si realmente lo amo sobre todas las cosas no puedo permitir que el rencor se interponga entre esa relación y  esa conexión que tengo con Dios.

Sería contradictorio decir yo amo a Dios y no amar a sus hijos que son parte de él.

Yo amo a sus hijos en  su completa imperfección.

La segunda razón es la siguiente:

La segunda razón por la cual perdono a esta persona es porque entiendo y tengo plena conciencia que detrás de su acción había temor, había mucho miedo.

El comportamiento incorrecto de esta persona está basado en su miedo y ha sido ese miedo el principal culpable de que la relación entre nosotros se halla roto.

Debemos entender que muchas personas no son malas y no son crueles sino que son personas que están actuando en un lugar de miedo y ese miedo los lleva actuar de ese modo que luego nosotros podemos ver como algo cruel algo que los hace ver como personas malas cuando realmente no son personas malas son personas que están influenciadas por una energía de miedo y ese miedo es el que hace que esa persona se comporte de ese modo y eso es algo totalmente aceptable y razonable para conceder un perdón genuino y de corazón.

Es importante reflexionar que hay detrás de un comportamiento que podemos catalogar como malo o cruel.

Porque detrás de esa crueldad se puede esconder mucho miedo. 

Hoy no puedo decir que esta persona cruel y mucho menos que fue mala conmigo, sería injusto llamarla cruel.

La vida me ha llevado por un camino muy intenso donde las experiencias que he experimentado me han colocado en un lugar donde puedo ver la vida desde un lugar mucho más elevado de conciencia.

Es gratificante tener la oportunidad de encontrarme con  esta persona todavía por la calle y poder sentir esa paz, esa calma y esa serenidad que solo el perdón te puede otorgar.

Solo el perdón puede concederte esa paz interior y mantenerte conectado con la gracia de Dios.

 

A pesar de haber tenido tantas experiencias negativas hoy puedo solamente dar gracias porque gracias a ellas hoy soy la persona en la cual me he convertido, en una persona más amorosa, más compasiva más empática, más paciente y más comprensiva con el dolor y la batalla que cada persona está enfrentando en su viaje por esta tierra.

 

Hoy solo puedo invitarte a ti a explorar tu corazón y buscar si en algún  lugar oscuro donde se aloja el rencor.

Si encuentras algún rencor trabaja para sacarlo de allí y si te cuesta sacarlo de allí yo te ofrezco mi ayuda sincera e incondicional porque yo quiero que tú recuperes tu relación con Dios porque es lo único que va a llenar tus vacíos porque es lo único que va a llenar tus días de alegría porque es el motor que necesitamos para vivir en amor vivir, en gratitud, vivir en la aceptación, vivir en el compartir y sobre todo vivir en el perdón.

 Maria G.

Extracto del libro:Una vida de perdón


Historia de perdón la amiga envidiosa

La amiga envidiosa

La envidia es una amiga traicionera que puede conducirte por senderos de tormento y desolación. No distingue género ni estatus social al manifestarse, sembrando caos en las vidas de quienes la albergan. Es una compañera implacable que perpetúa un estado de insatisfacción y vacío. Las almas caen fácilmente en las redes de la envidia al centrarse en sus carencias, ignorando las bendiciones que les rodean. En un mundo cada vez más moderno y perfeccionista, donde las exigencias de la sociedad florecen, se crea el escenario idóneo para que la envidia se arraigue en la vida de tantas personas. Esta sombra puede presentarse en diversas situaciones cotidianas, pero una de las más comunes es el anhelo por la belleza o el físico ideal.

Los certámenes de belleza que se celebran anualmente en diferentes rincones del mundo han contribuido, de manera directa, a que este dilema se amplifique. 

Estos concursos exigen un cuerpo esculpido, donde la imperfección es despreciada o condenada. Si no posees el cuerpo perfecto, te ven excluido de competencias que se autodenominan como la búsqueda de la belleza.

Estos eventos, que se presentan bajo el noble título de "belleza con propósito", se convierten en un arma de doble filo, obstaculizando la construcción de una sociedad que fomente el amor propio en la mujer contemporánea.

Estos concursos en su búsqueda de la belleza están creando en la mujer mucha inseguridad  ya que no pueden entrar en los estándares  de belleza y serían clasificadas como mujeres feas o que les faltan cosas para ser completamente  mujeres bellas.

 

El peligroso mensaje que está dejando estos concurso de belleza de manera inconsciente es que la mujer se rechace a sí misma y no quiera aceptarse tal y como es porque no cumple con los estándares de belleza de la actual sociedad que está cada vez más promoviendo este tipo de belleza a través de las redes sociales y otros medios de comunicación.

 Es probable que por el lado de los hombres la situación sea menos caótica cuando se trata de la belleza física ya que los concursos de belleza para los hombres son muy escasos. Lo que nadie habla de estos concursos de belleza es que están siendo la causa de la infelicidad de millones y millones de mujeres alrededor del mundo pero de esto nadie habla. Cada día hay millones de mujeres que cuando se paran delante de un espejo odian lo que ven de sí mismas y les cuesta mucho aceptarse como son lo que provoca en ellas tristeza e inseguridades y lo más terrorífico que provoca es la envidia.

 La envidia es una serpiente silenciosa que va poco a poco tomando cada vez más terreno en tus pensamientos y creencias  y te convierte en un esclavo de ella.

Las almas envidiosas habitan en un tormento perpetuo que les impide abrazar la felicidad y disfrutar de una vida en paz. Recuerdo a una amiga que nunca aceptó su cuerpo tal como era; desde joven, anhelaba transformarlo. Soñaba con poseer una figura que consideraba "normal", lo cual le trajo inseguridad y descontento.

 En una ocasión, asistimos a una fiesta juntas, y su comportamiento fue extraño. Sentadas una frente a la otra, noté que le resultaba difícil mirarme, como si algo en mi presencia le causara incomodidad, aunque en ese instante no sabía con certeza qué era.

 Con el tiempo, la claridad llegó, y comprendí que su malestar estaba arraigado en su propia lucha con la aceptación y el amor propio.  Nunca imaginé que su inseguridad pudiera ser la raíz de su incomodidad. Era precisamente esa parte de su cuerpo, esa que no lograba aceptar, lo que provocaba su tormento. Su esbelto cuerpo, con una medida de pecho casi inesistente, la conducía hacia la sombría senda de la envidia.

A medida que pasaba el tiempo, entendí que su desasosiego provenía de lo que ella deseaba y le faltaba, mientras que yo lo poseía sin esfuerzo. Siempre he abrazado mi cuerpo tal como es; quizás porque no siento que me falte nada, no puedo concebir cuánta angustia puede causar no sentirse adecuada.  Esta envidia se manifestaba de una manera devastadora y destructiva. Su envidia causó divisiones y conflictos entre diversas personas.

El principal dilema de aquellos que albergan envidia radica en su ignorancia sobre su propio estado emocional; no son plenamente conscientes de que sus palabras y actos brotan de una sombra envidiosa. Este desconocimiento los convierte en seres aún más peligrosos, pues sus acciones pueden acarrear consecuencias devastadoras, sin que lo perciban. 

Los envidiosos a menudo vierten palabras negativas sobre el objeto de su envidia, distorsionando la realidad que les rodea. Por ello, es crucial, al detectar a una persona envidiosa, establecer una distancia prudente; son seres potencialmente nocivos que pueden infligir daño sin tener plena conciencia de ello. Una persona consumida por la envidia siempre buscará la oportunidad de desahogar su malestar. Esa frustración, inconformidad y vacío interior necesitan salir a la luz de alguna manera.

Recuerdo que una vez  mi amiga envidiosa, quien, en varias ocasiones, dejó escapar su envidia de modo inconsciente; se  le presentó el motivo ideal para sacar a flote su oscuridad emocional y descargar en mi toda su miseria arrojandome la basura, el motivo para hacerlo  era insignificante ante el acto vergonzoso que cometió contra mi.

El envidioso, en su afán, intentará humillar, hacerte sentir menos y difamarte. Mi amiga encontró en esa acción  humillante la forma de menospreciar y encontrar un alivio para escarpar por un momento de su angustiante y tormentosa  envidia.

Es asombroso hasta dónde puede llevarte la envidia, causada por su propia infelicidad y descontento con la vida.  Porque quien vive en la envidia jamás conocerá la felicidad, y esa infelicidad se manifiestan en sus palabras y  en cada uno de sus actos.

Recuerdo con claridad aquel día en el que otros fueron testigos del evento vergonzoso que esta amiga llevó a cabo en mi contra; ahora, al evocar ese momento, lo único que siento es una profunda lástima. Su acto deshonroso revela su lado más sombrío y refleja cuán miserable es su existencia.

Ella volcó su frustración sobre mí porque poseo algo que anhela con fervor pero que le es inalcanzable. Me convertí en la víctima de su desasosiego y su dolor por no poder alcanzar ese cuerpo con las medidas de pecho que tanto desea. Te preguntarás cómo me siento tras haber sido tratada de esa manera. La verdad es que siento una gran compasión por ella, pues es una víctima de la envidia. No podría enojarme con ella, ya que no es ella la culpable, sino la envidia misma, que la lleva a comportarse de tal forma hacia mí.

No es justo que dirija mi ira contra ella cuando, en realidad, es otra víctima de la envidia que la atormenta día tras día. Solo imaginar el calvario que atraviesa esta desafortunada mujer me provoca una profunda compasión.

 

La envidia es una mala amiga que solo llega a tu vida a robarte tu felicidad.

 Recordando este evento vergonzoso, no albergo ningún tipo de rencor hacia esta amiga. Muchos podrían experimentar ira, pero esa ira sería injusta, dirigida hacia una alma que, atrapada en una prisión mental, se ve dominada por la despiadada envidia. Siento compasión por el calvario que enfrenta esta persona, y solo puedo desearle lo mejor, con la esperanza de que logre sanar su envidia y encuentre el camino para amarse y aceptarse tal como es.

Tuve una experiencia similar con otra amiga, donde empecé a notar un comportamiento extraño en ella. Esta amiga anhelaba profundamente estar más delgada, pero enfrentaba dificultades para lograrlo. En esta ocasión, las circunstancias fueron algo diferentes; gracias a la experiencia anterior, fui cultivando la habilidad de reconocer los gestos y palabras de quienes sienten envidia. Solo me tomó un instante captar las sutiles señales que me advertían de un posible resentimiento en su corazón.

Su mirada, su lenguaje corporal y sus palabras la traicionaron, revelando inconscientemente la envidia que emergía por no poseer el cuerpo ideal. Noté su incomodidad al mirarme, y también supe que había hablado mal de mí sin que ella siquiera lo sospechara, pues tenía conocimiento de que sus palabras se esparcían con otros.

El envidioso siempre buscará la forma de menospreciarte; si no hay nada real de qué hablar, inventará historias que alimenten su resentimiento.

De este modo, logré detectar a tiempo la envidia de mi amiga, de la cual tuve que alejarme forzosamente para evitar vivir más experiencias negativas similares. Esta otra amiga me hizo perder amistades, pero el poder abrazar la verdad en mis manos, sabiendo que ella habló mal de mí, no me convierte en una persona juzgadora.

No deseo juzgarla ni enojarme con ella, porque comprendo que no quiere ser envidiosa; nadie anhela la infelicidad, y las personas envidiosas suelen estar profundamente desdichadas. Nadie elige ser envidioso de manera voluntaria, pues todos anhelamos evitar el sufrimiento y las penurias. La envidia atrapa a las personas por diversas razones.

Comprender el motivo real puede ser crucial para enfrentar y, eventualmente, sanar esta emoción. Si alguna de ellas siente descontento con su apariencia, es fundamental que lo reconozca con humildad. La aceptación en tales circunstancias puede aliviar la carga que llevan.

También es esencial no centrar la  atención en lo que nos falta, ya que este enfoque puede despertar la envidia en los corazones. Cuando te concentras en tus carencias, inconscientemente abres las puertas a esos sentimientos de envidia.

Si anhelas mantenerte alejado de tales sombras, es crucial cultivar un estado de gratitud por lo que posees y liberarte de la carga de lo que te falta.

La envidia, al florecer, revela un dilema profundo sobre el amor propio, atrapando a muchos en la lucha de aceptarse tal como son. Nuestro cuerpo es un templo sagrado; debemos amarlo y cuidarlo con ternura, sin permitir que el juicio lo empañe.

Las dos amigas que actuaron en mi contra, mostrando una crueldad inesperada, solo pueden recibir mis deseos de que la vida les muestre el camino hacia la luz de la verdad y que comprendan la necesidad de trabajar en su envidia. Deben aceptar con humildad ese sentimiento antes de poder sanarlo.

La envidia atormenta constantemente a estas dos almas, y lo único que puedo sentir por ellas es compasión. Me compadezco del tormento que enfrentan día tras día. Todos merecemos ser felices, y para alcanzar esa dicha, debemos desterrar la envidia de nuestras vidas, pues trae consigo dolor, sufrimiento, separación y rencor.

 ¿Y tú, has sanado tu envidia o te has preguntado alguna vez si eres una persona envidiosa?

Para descubrir la respuesta auténtica, se necesita una profunda humildad que permita que nuestra alma se abra por completo, revelando así la esencia de la verdad.

Personalmente estoy evaluando la posibilidad de realizar terapias basadas en  sanar la envidia visto que este mal esta afectando a millones de personas y esta siendo la principal causa de su descontento y amargura.

La envidia, sombra oscura, provoca discordia y separación entre los seres humanos. Es un mal que inflige profundo daño, y poco se hace para erradicarlo y prevenir su expansión. Se ha demostrado que quien sucumbe a la envidia enfrenta mayores probabilidades de caer en la trampa de la depresión y otras dolencias mentales. Además, un cuerpo que habita en la penumbra de emociones negativas puede ser presa de afecciones físicas, ya que estas emociones adversas debilitan nuestro sistema inmunológico.

Las emociones negativas que puede provocar la envidia como son la tristeza, la ira y el resentimiento pueden ser el cóctel perfecto para dar origen a serias enfermedades.

 

No podemos normalizar la envidia que, aunque pueda parecer inofensiva y traviesa, oculta tras su velo algo oscuro y perverso. Esta sombra puede arruinar la vida de innumerables almas que corren el riesgo de convertirse en sus víctimas.

La envidia es una manifestación de la escasez de amor hacia nuestro prójimo. Esta sombra oscura es un mal que divide a las almas y genera tormentos profundos en aquellos que sufren bajo el peso de esta energía negativa.

Aristóteles describió la envidia no como un deseo benigno de lo que alguien más posee, sino “como el dolor ocasionado por la buena fortuna de los demás”.

Todos hemos recorrido el penoso sendero de cruzarnos con almas envidiosas, cuya oscura energía puede no ser evidente al principio. Sin embargo, con el tiempo, el comportamiento extraño de estas personas puede revelar la sombra de su ser, obligándonos a tomar la difícil decisión de distanciarnos de quienes apagan su propia luz con la envidia que sofoca su felicidad.

Aquellos que cargan esta energía negativa, como es la envidia, son seres infelices, atrapados en una tormenta de emociones, y por ello, siento una profunda compasión. Esta empatía me ha llevado a componer una canción destinada a ayudar a quienes sufren por el tormento de la envidia, guiándolos hacia la luz al final de su oscuro túnel.

No es necesario señalar ni criticar a quienes, a través de sus acciones, manifiestan una envidia latente, pues su comportamiento lo grita a voces. No debemos condenar a estas almas, ya que estoy convencida de que nadie desea habitar en esa tormenta.

Esta emoción destructiva puede fragmentar amistades, familias e incluso matrimonios, ya que no tiene piedad y convierte a las personas en víctimas de su propia negatividad. Esta energía oscura invade sus almas y les impide vivir en paz, dedicándose a perturbar el bienestar ajeno.

Lo más alarmante es que, en su mayoría, las personas no logran reconocer que cargan con este problema de envidia; aceptan vivir en este malestar sin preguntarse si hay algo que puedan hacer para transformar sus vidas y liberarse del sufrimiento que le causa ver la felicidad de los demás.

Como decía Sócrates: "La envidia es el veneno del alma". Este sentimiento, que surge cuando se desea lo que otros tienen, puede llegar a ser un monstruo perturbador que acecha nuestras vidas y afecta a nuestra felicidad y bienestar.

También el destacado Nietzsche decía que, la envidia podía ser un acicate para la superación, un estímulo para la creación. El individuo que es capaz de canalizar su envidia, de convertirla en admiración y emulación, puede llegar a superar al objeto de su envidia y alcanzar su propia grandeza.

La envidia en su significado espiritual tiene sus raíces en la desconfianza en la provisión de Dios. Cuando envidiamos, estamos esencialmente diciendo: "Dios no me ha dado lo suficiente". 

También revela un corazón insatisfecho, que siempre anhela más y más. La envidia es un veneno que corroe el alma.

Tras la envidia se esconde la impotencia de un deseo incumplido. Refleja el amargor insoportable de saber que alguien lo ha hecho realidad. Quien envidia, aclaraba Pulcini, irá “en contra de sus propios intereses con tal de que otro tenga daño”. Por eso es una pasión triste, porque no beneficia a nadie.

 La envidia es una clara señal de la ausencia de amor hacia el prójimo.

Jesús dijo, si ustedes lo hacen todo por envidia o por celos, vivirán tristes y amargados; no tendrán nada de qué sentirse orgullosos, y faltarán a la verdad. "Porque esa sabiduría no viene de Dios, sino que es de este mundo  y produce celos, peleas, problemas y todo tipo de maldad."

En general, las personas pueden sentir vergüenza al reconocer que experimentan envidia. Sin embargo, con un poco de humildad, es posible aceptar esta emoción que nos atormenta. 

Al hacerlo, podemos comenzar a sanar y liberarnos de ese tormento, que a menudo nos mantiene en la oscuridad y nos impide vislumbrar la luz del amor que reside en cada uno de nosotros.

Es fundamental cultivar hábitos saludables que nos alejen de la envidia, como el ejercicio de la gratitud. Incluir un sentido de agradecimiento por las pequeñas cosas de la vida, a menudo desestimadas, es esencial para nuestro bienestar diario. 

Con frecuencia, permitimos que la carencia de lo que deseamos desvíe nuestra atención hacia lo que nos falta, descuidando así la importancia de apreciar lo que ya poseemos. Mantenernos en un estado de gratitud nos ayuda a enfocarnos en lo positivo y a enriquecer nuestra vida.

No es necesario contar con grandes posesiones materiales para experimentar la felicidad y cultivar un corazón agradecido. Lo fundamental radica en sentir gratitud por lo que se tiene en el presente.


 Maria G.

Extracto del libro: Una vida de perdón



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