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martes, 22 de septiembre de 2026

Aceptar la voluntad de Dios

 


Tener una buena relación con Dios: Aceptar su voluntad.


La verdadera aceptación de la voluntad de Dios


Tener una buena relación con Dios también significa aceptar su voluntad.

Si recordamos la oración que Jesucristo enseñó cuando estuvo de paso por esta tierra, fue el Padre Nuestro. Y hay una parte que dice: "Hágase tu voluntad, aquí en la tierra como en el cielo".

Considero que uno de los motivos principales y causantes de tanto sufrimiento es que las personas no saben aceptar la voluntad de Dios. Cuando no la aceptamos, estamos expuestos a todo tipo de sufrimiento.

Por ejemplo, cuando una persona no sabe aceptar que su matrimonio ya terminó, que una relación llegó a su fin, o cuando pierde el trabajo que tanto le gustaba, sumado a varias situaciones cotidianas del día a día, caemos en la trampa del control por no tener una relación cercana con Dios. Queremos controlar el resultado y que las cosas sean como nosotros anhelamos.

Es completamente normal y natural que, cuando estamos delante de una situación que termina de una manera que no esperamos, se cause dolor y frustración en el primer momento; pero eso no quiere decir que tenga que convertirse en algo eterno.

Es comprensible que en el primer instante tengamos una reacción basada en la noticia, la cual puede ser devastadora al darte cuenta de que las cosas no están saliendo como tú quieres.

Luego de ese primer momento, tenemos la libertad de elegir cómo queremos gestionar y enfrentar esa situación, que se puede sentir como una pérdida o un fracaso, y por consecuencia causar tanto dolor.


El poder de elegir la voluntad de Dios

Santiago 1:3

"La prueba de vuestra fe produce paciencia"


Cuando se elige operar bajo la voluntad de Dios, el dolor se convierte en una opción. Se requiere tener una devoción y una fe inquebrantable en Él, además de un profundo deseo de que se cumpla su voluntad. Para ello, hace falta una conexión verdaderamente profunda que nos permita aceptar con amor y humildad lo que no podemos controlar.

Es aquí donde te voy a dar una herramienta poderosa que puede ayudarte a soltar el sufrimiento, la resistencia, el control y la frustración, para abrazar la voluntad de Dios.

Si te cuesta mucho aceptarla, es porque no has cultivado una relación profunda con Él que te permita hacerlo desde un lugar de amor. Ahí es donde nuestra fe se pone a prueba y podemos comprobar hasta dónde llega. Es muy fácil creer en Dios cuando las cosas van como queremos; pero saber confiar, no perder la fe cuando las cosas no salen como deseamos, y no tener aquello que tanto anhelamos, es donde realmente vamos a confirmar la fe inquebrantable que tenemos hacia un Dios amoroso y misericordioso que quiere lo mejor para cada uno de nosotros.

Vamos a poner un ejemplo muy frecuente que creo que a todos nos ha pasado. Cuando alguien atraviesa un momento difícil de pérdida —como puede ser la pérdida de un trabajo o el fin de una relación amorosa— muchos podrían pensar: ¿Cómo es que esto, que es tan doloroso y desgarrador, puede ser la voluntad de Dios?


La respuesta es muy simple: mientras estés transitando por un camino plano y sereno, no vas a poder forjar un carácter que te permita enfrentar cualquier dificultad. Las dificultades son las que te dan la oportunidad de forjar un carácter y una fe inquebrantables.

Por eso, cuando llegan esos momentos, hay que abrazarlos con humildad y aprender todo lo que se pueda, sabiendo que Dios sabe exactamente lo que está haciendo y el motivo por el cual lo está permitiendo.

Superando el "¿Por qué a mí?"

Hay una pregunta que la mayoría de las personas se ha hecho al menos una vez en su vida: ¿Por qué a mí?

He pasado por muchas situaciones difíciles y puedo decir que nunca me he permitido cuestionar a Dios con esa pregunta. Primero, porque he aprendido a aceptar su voluntad con humildad; y segundo, porque siempre miro hacia atrás y recuerdo que hay personas que están peor que yo. Puedo aceptar que mi situación es difícil, pero estoy segura de que siempre habrá alguien que la está pasando peor.

Creo que esos dos motivos me han mantenido alejada de cuestionarme el "por qué a mí". Aceptar las dificultades sin hacerme esa pregunta me ha permitido atravesarlas sin causar cicatrices profundas.

Debo reconocer también que, si no hubiera pasado por todas esas situaciones difíciles, no sería la persona que soy hoy, ni habría podido pulir mi carácter y tener la fortaleza interior de la que disfruto hoy.

📌 Las dificultades no son batallas perdidas, sino oportunidades de la vida que nos invitan a vivir más fortalecidos en la fe y  confiados en un Dios que tiene poder.

Yo he pasado por muchas situaciones dolorosas que en un tiempo no supe gestionar, y por no saber gestionarlas tuve que enfrentar mucho dolor emocional. Hoy en día sé gestionar perfectamente situaciones que pueden parecer muy difíciles, y si sabes acompañarlas, resultan bastante manejables, liberándote de una carga que seguramente es innecesaria.


Un hábito para la vida diaria


Que las cosas no sean como nosotros deseamos es parte de la vida, y tenemos que aprender a vivir con esa filosofía. Aunque al inicio duela, tenemos el poder de hacer que eso sea diferente. Es un hábito que debemos aplicar cotidianamente, y es algo que yo misma hago cada vez que siento que algo empieza a tomar una dirección diferente a la que esperaba.

Mi decreto para ese tipo de situaciones es el siguiente: "Lo acepto con amor si es la voluntad de Dios". Cada vez que pienso en una situación que me genera pesar, hago este decreto. De este modo, elijo aceptar la realidad desde un lugar de amor y no desde el dolor o el control. Créeme que esto da mucha paz si se aplica con fe y devoción.

Yo elijo conscientemente querer aceptar la voluntad de Dios desde un lugar de amor y, sobre todo, de mucha humildad. Porque creo absolutamente que cualquier cosa que Dios no permite que suceda —aunque lo deseemos de todo corazón— es porque tiene un propósito distinto. Dios sabe mejor que nadie lo que es mejor para nosotros, y cuando tienes esa plena convicción, sabes soltar el control.

La mayoría de las personas no viven bajo la voluntad de Dios; quieren que se les conceda todo lo que desean sin ponerla en primer lugar. Allí es cuando las cosas se complican: los matrimonios se rompen, las relaciones terminan, una despedida repentina o la pérdida de un trabajo se convierten en experiencias muy pesadas. Para muchos, esto desencadena una profunda depresión o ansiedad, porque viven una batalla interna resistiéndose a lo que no pueden controlar, y ahí es donde el sufrimiento golpea sin piedad.

En cambio, aceptar la voluntad de Dios trae mucha paz, calma y serenidad. Es por eso que una relación profunda con Él nos libera de tanto sufrimiento, ya que la mayor parte de este proviene de querer controlar un resultado: desear esa vacación soñada, ser modelo o famoso, tener riqueza, reconocimientos, acumular cosas materiales o tener a la pareja ideal. Empezamos a desear cosas que muchas veces no son lo mejor para nosotros o no cumplen un propósito divino.


Creer en Dios frente a creer en Su poder


Ayer hablaba con una chica que me decía: "Yo creo en Dios, pero estoy mal". Quiero aprovechar para decir que una cosa es creer en Dios, y otra muy distinta es creer en su poder.

Todos podemos creer en Dios, pero no todos confiamos en su poder. Esa es la gran diferencia. Yo también solía decir: "Sí, creo en Dios y tengo una fe muy fuerte", pero cuando llegaban ciertas preocupaciones, era ahí donde tenía que confiar de verdad, y muchas veces no lo hacía. No me estaba dando cuenta de que, si me preocupaba por una situación, era porque no confiaba en que Dios tenía el control y sabía exactamente qué estaba haciendo.

Simplemente me preocupaba por la situación sin poner a Dios al mando. Es muy diferente enfrentar un problema a solas que pensando que Dios lo controla.

Todos sabemos creer que Dios existe, pero no todos creemos que Él tiene el poder de cambiar cualquier situación en cualquier momento, sin importar lo difícil o imposible que parezca. Ahora, cuando enfrento algo que me preocupa, elijo decretar que Dios tiene el control y que me ayudará a gestionarlo de la manera más sabia posible.


Después de confiar de esa manera inquebrantable, mis preocupaciones han desaparecido en su totalidad. Donde hay fe, no puede haber preocupaciones; cuando las hay, es porque existe una ausencia de fe.

Llega un punto en el que has entrenado tanto tu fe que se convierte en un arma letal y superpotente ante la duda, el miedo, la preocupación, la ansiedad y el estrés. La fe tiene la capacidad de debilitar y desaparecer por completo todo aquello que te genera malestar. Pero la fe no es solo creer que Dios existe, sino creer en su poder: en que para Él no hay nada difícil ni mucho menos imposible.


Santiago 2:20

"La fe sin obras es muerta"


Un ejemplo personal: Soltar el control


Para ilustrarlo mejor, pondré un pequeño ejemplo de algo que a mí me preocupaba mucho.

Mi hija pasa dos días con su papá, y antes yo me quedaba muy preocupada porque no sabía cómo estaba y quería estar ahí para protegerla. Hasta que un día me di cuenta de que, con esa actitud, estaba demostrando que no confiaba en Dios. Creía firmemente en Él, pero la preocupación que me generaba no saber de mi hija era una señal clara de que no estaba confiando en que Dios la protegía, a pesar de que siempre se lo pedía.

¿Cómo es posible pedirle a Dios que proteja a mi hija y al mismo tiempo quedarme preocupada? Era un indicio contundente de que no estaba creyendo en su poder.

Hasta que entendí que, si creo en Dios, también debo creer en su poder. Desde ese momento, empecé a pedirle que protegiera a mi hija con la convicción absoluta de que lo iba a hacer. Así fue como pude quedarme en total y absoluta tranquilidad, sabiendo que ella estaba totalmente protegida porque yo confiaba plenamente en Él.

Esto es un pequeño ejemplo para que tú también reflexiones profundamente y lo apliques en tu vida: ¿Cuáles son esas áreas en las que le pides a Dios, pero al mismo tiempo te quedas con la misma ansiedad y preocupación?

Date cuenta de que, si sigues con esa ansiedad, es porque no estás confiando en su poder ni en lo que es capaz de hacer. Recuerda que Dios es el creador de todas las cosas: el mundo, el universo, los planetas. Es el ser más poderoso y supremo que existe en la faz del universo. No le pongas nada difícil, porque Él tiene el poder de hacer todo posible si es su voluntad.

Volvemos a aplicar la frase más poderosa: Si es la voluntad de Dios, pasará; si no lo es, no sucederá. Y ahí es donde debemos reposar en la paz absoluta, confiando en que las cosas suceden si Dios lo quiere, y si no, a

ceptarlas desde un lugar profundo de amor y aceptación.


María G .

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