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sábado, 25 de enero de 2025

La mujer y el perro


 

La mujer del perro


Todos atravesamos días de luz y sombras, y a menudo, esos instantes de malestar los descargamos sobre quienes menos lo merecen. Las tribulaciones cotidianas pueden llevar a las almas a enfrentar un torrente de emociones negativas, que se reflejan en sus actos y palabras.

 Un domingo por la tarde, decidí llevar a mi hija a explorar un mercado de antigüedades en el corazón de la ciudad de Vicenza.

Disfrutar de la observación de colecciones antiguas puede resultar fascinante, sin necesidad de adquirir objetos superfluos. No es preciso acumular en nuestros hogares lo que no necesitamos. He optado por un estilo de vida minimalista, tanto en mi hogar como en mi vestimenta y alimentación. Apoyo fervientemente la noción de que menos es más. Una vida  sencilla siempre será más ligera y, sin duda, más relajada.

 Este mercado rebosaba de reliquias coleccionables que despertaron en mí preguntas y reflexiones que antes no había contemplado. No tiene sentido acumular objetos inertes y poco útiles que solo ocupen espacio, quedando atrapados en el polvo, sin saber al menos a quién pertenecieron y qué historias guardan en su esencia.

 Después de recorrer algunos pasillos, decidimos regresar a casa, y mientras avanzábamos serenamente, nos topamos con una situación algo peculiar.

En una esquina de la calle, una señora se encontraba agachada, recogiendo algo que parecía chocolate, acompañada de un perro de gran tamaño. Mis ojos curiosos se posaron sobre ella, cuando de repente, se volteó y me miró con ojos desbordantes de ira y enojo.

Las palabras que brotaron de su boca me sorprendieron. "¿Qué estás mirando?" No sabía qué me asombraba más: su pregunta o la furia reflejada en su mirada. Necesité unos segundos para responder a su inesperada interrogante. Con un tono calmado, le respondí: "Estoy en un lugar público y puedo mirar donde quiera." Ella insistía en que no debía observarla.

Le señalé que había otras personas que pasaban y también miraban, y a ellos no les decía nada. Además, le mencioné que si tenía algún problema, podía llamar a la policía, y si no lo hacía, yo podría hacerlo. Entonces, ella me dijo: "Regrésate de donde viniste." Al escuchar mi forma de hablar, comprendió que era extranjera y decidió aprovecharse de eso para atacarme. Le dije que era una racista y que debería avergonzarse de tal actitud. Tras intercambiar esas palabras, decidí seguir mi camino, pues era inútil dialogar con alguien tan llena de rabia. Al continuar, noté que a unos 200 metros había dos patrullas de policía. Me giré para ver si la señora aún estaba allí, pero había desaparecido. Quizás temía que yo fuera a hablar con la policía, pero no tenía intención de hacerlo, ya que sabía que no había hecho nada malo.

Puedo comprender que la señora se encontraba preocupada o triste debido a la enfermedad de su perro, y por ello la vi allí, limpiando lo que parecía ser chocolate. Siento su malestar, pero esto no justifica que deba desahogarse conmigo y dirigirse a mí de esa manera.

Entiendo que en momentos de dolor y frustración, las personas pueden expresar su malestar a través de sus palabras. Esta experiencia puede llevarnos a sentirnos ofendidos o incluso rabia, pero al aprender a observar desde un lugar más elevado, uno se da cuenta de que todo sucede por una razón.

Muchos podrían limitarse a juzgar y criticar el comportamiento de esta persona, que fue ciertamente inapropiado. Sin embargo, detrás de esa conducta había un ser humano completamente infeliz, cuya rabia, preocupación y angustia por su perro la llevaron a actuar así.

Ofrezco mi comprensión, reconociendo que esta mujer actuó desde un lugar de dolor, y en esos estados, a menudo no podemos mostrar lo mejor de nosotros, sino lo peor. Elijo compadecerme de su sufrimiento y perdonarla por su comportamiento inadecuado.

Juzgarla no tiene sentido, pues si elijo hacerlo, me quedaré con el enojo y la rabia que conlleva.

 En cambio, si opto por la comprensión, podré liberarme de esos sentimientos negativos. Así, protejo mi estado emocional y no permito que una experiencia desagradable me afecte, ya que tengo la capacidad de transformar  lo negativo en positivo mirando la situación desde un lugar de  amor y comprensión.

Con un poco de amor las cosas pueden cambiar de color, con un poco de amor se puede evitar el dolor, con un poco de amor se puede evitar la rabia, con un poco de amor se puede evitar el rencor, con un poco de amor podemos evitar la separación y la enemistad. Si tuviera la oportunidad de volver a encontrarme con esta señora, seguramente estaría dispuesta a ayudarla a encontrar un poco más de felicidad. Juzgar a los demás nos sitúa en un lugar de desamor, exponiéndonos a generar emociones negativas que afectan nuestro bienestar.

“Cuando juzgas pierdes”

Al juzgar, siempre perderás. Tu ser se sumerge en un océano de emociones negativas al criticar y emitir juicios sobre los hechos. Así, tu estado emocional se ve afectado de manera adversa, y el malestar de la crítica te acompañará hasta que tu cuerpo logre restaurar su equilibrio natural. Tu organismo pierde energía y recursos valiosos que podrían ser destinados a funciones vitales. El enojo que brota al juzgar a otros es una carga que tu ser debe soportar, a menos que decidas quedarte atrapado en el resentimiento, en cuyo caso cada recuerdo del agravio revivirá la emoción negativa, obligando a tu cuerpo a invertir nuevamente energía en su restauración. Muchos desconocen las consecuencias de juzgar y se dejan llevar como hojas arrastradas por las olas del mar, quedando atrapados en un círculo vicioso de rabia y, a menudo, resentimiento.

 “Cuando amas, ganas”

En cambio, al amar, siempre emerge la victoria. Al optar por la comprensión, entiendes que cada acción lleva consigo una motivación que a menudo trasciende lo que podemos comprender. Es vital mirar más allá para desentrañar las acciones erradas de los demás. Cuando una persona está invadida por emociones negativas, los errores se hacen evidentes.

 La persona, dominada por estos sentimientos, pierde la capacidad de razonar y actúa según su estado emocional, que puede incluir rabia, tristeza e incluso vergüenza. 

Este cóctel de emociones puede llevar a comportamientos y expresiones inapropiadas, similar a un individuo embriagado, incapaz de mantener una conducta adecuada. Tanto la persona embriagada como la que está enojada sufren consecuencias negativas, expuestas a pronunciar palabras y a comportamientos inadecuados. Te invito a que, si te hallas en una situación donde te sientas humillado o insultado, recuerdes que la otra persona está "borracha" de sus emociones negativas, lo que le impide comportarse adecuadamente. Elige observar la situación desde un plano elevado de comprensión, donde no te veas afectado emocionalmente.

Opta por el amor en lugar del juicio y recuerda que el amor y la compasión siempre te guiarán hacia el sendero de la felicidad.

Demuestra el ser amoroso que habita en ti en cada situación y conviértete en un embajador del amor, impregnando cada palabra, cada gesto y cada acción con esa energía radiante. Así, tu esencia vibrará en armonía, ya que a través de tus actos amorosos te nutres energéticamente de las emociones positivas que brotan de cada acto de amor.

 Por muy sencillo que parezca, cada gesto cuenta y deja una huella mágica en los corazones de los demás. Imagina que el simple acto de ofrecer una sonrisa a un desconocido puede tener un impacto más poderoso de lo que jamás hubieras podido imaginar. A través de tu resplandeciente sonrisa, has creado una chispa de alegría en quien la recibe, y ese pequeño gesto puede transformar su día, elevando su estado de ánimo. Así, se forma un efecto dominó, donde otros también se benefician de la luz positiva irradiada por aquella persona que ha sido tocada por tu hermosa sonrisa.

 

“Todos podemos ser embajadores del amor y tener un impacto positivo en la vida de los demás”


 Maria G.

Extracto de mi libro: Una vida de perdón






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sábado, 18 de enero de 2025

La amiga celosa


 

La amiga celosa 

La amistad, en su esencia más pura, no necesita ser perfecta. Ninguna relación social alcanza esa idealización; las relaciones familiares, laborales, e incluso entre amigos, son un reflejo de nuestra humanidad.

La vida, en su generosidad, te brinda la oportunidad de conocer a almas extraordinarias con las que se puede forjar un lazo profundo y de confianza. Al mismo tiempo, también presenta encuentros con quienes revelan nuestras sombras, convirtiéndose en vitales complementos para nuestro crecimiento espiritual. Una amistad no debe ser impecable para ser valiosa y hermosa. En cada interacción humana, la paciencia y la tolerancia hacia los defectos ajenos son esenciales. Ciertas situaciones demandan una precaución especial, pues existen amistades disfrazadas.

Una amistad disfrazada es aquella en la que alguien finge ser tu amigo, aunque en su interior no lo sienta así. A menudo, esto ocurre porque la persona carece del valor para confesar su falta de interés en establecer una conexión sincera. Numerosos factores pueden obstaculizar el florecimiento de una amistad auténtica entre dos o más individuos.

 

En este relato, deseo evocar uno de los factores que marcaron mi vida junto a una persona con quien compartía un profundo afecto y una conexión singular. Tristemente, lo que pudo haber sido el hilo dorado de nuestra hermosa amistad se vio desgastado por los celos. Todo comenzó como un mágico amanecer, solo para transformarse luego en una total penumbra. Esta cautivadora experiencia tuvo lugar en una casa familiar donde inicié un nuevo capítulo laboral.

 El lugar, repleto de naturaleza, me encantaba, y me maravillaba todo lo que mis ojos podían apreciar. Fue allí donde conocí a una hermosa mujer de ojos azules, cuya belleza casi podía compararse con la de un ángel. Con rapidez, forjé un lazo con ella; compartía sus inquietudes, preocupaciones, dolor y tristeza conmigo. Era imposible no encariñarse, pues en sus ojos brillaba la esencia pura de su alma.

Aparentemente, todo marchaba de maravilla en aquel trabajo, y me sentía afortunada de haber cruzado caminos con alguien tan extraordinario. Sin embargo, una mañana, el destino dio un giro, y la ilusión que albergaba se desmoronó ante mis ojos. Apenas llevaba unos días en aquel lugar y ya había forjado lazos con cada uno de sus habitantes. Mis ojos, que antes resplandecían de ilusión, se apagaron en la tristeza y el dolor.

 

Sorpresivamente, una mañana recibí la noticia de que ese día sería el último que trabajaría en aquel lugar. Todo me tomó por sorpresa, sin darme el tiempo de reflexionar sobre el motivo de tales eventos. ¿Por qué, si estaba tan ilusionada con ese trabajo, debía abandonarlo? Al llegar a casa, me pregunté si había dado todo de mí, pero quizás no fue suficiente.

Esa mañana, me despedí llorando de mi querida amiga. Le entregué mi número de teléfono, deseando que continuáramos en contacto, pero sorpresivamente, me quede esperando sin recibir ninguna noticia de ella.

Me pareció extraño, pues estaba casi segura de que entre nosotras había una amistad digna de perdurar. El tiempo, en su sabiduría, coloca cada cosa en su sitio, y la verdad, tarde o temprano, reclamaria su lugar.

Algunas cuestiones quedaron en el aire, con dudas sin respuesta que me acompañaron por un largo tiempo. Quizá hubo señales sutiles que no supe interpretar. Recuerdo que una vez ella me preguntó por qué me vestía de esa manera  y  tomó mi pantalón  con un gesto incomodo y lo lanzó, diciendo: "Así, con este pantalón."

Yo le dije y le respondí: ¿qué tiene de malo si las otras también se visten igual, con el mismo pantalón? Me preguntaba por qué se hacía un problema por el pantalón cuando las demás lo llevaban puesto. No le di mucha importancia a su actitud, pero más tarde esa sería la clave para entender lo que sucedió en aquel lugar. Pasó más de un año antes de que se me presentara la oportunidad de regresar a trabajar allí. El tiempo es sabio y revela lo que no puede permanecer oculto. Recuerdo aquella tarde cuando volví a ese lugar y pude reencontrarme con mi querida amiga; para mi sorpresa, no reaccionó como yo esperaba. Cuando finalmente vi a mi amiga, le dije con gran alegría: "¡Regresé a trabajar aquí!" Al escuchar mis palabras, su rostro se tornó serio, como si hubiera recibido una mala noticia.

Ella no estaba feliz de verme, y no entendía el motivo de su extraño comportamiento. Ella era mi amiga, y sentía un profundo cariño por ella, pero al ver su actitud, me quedé completamente congelada y sorprendida por su frialdad y distancia. Su comportamiento me estaba enviando un mensaje que aún no había logrado descifrar.

Un nuevo suceso extraño se perfilaba en el horizonte, y sería este acontecimiento el que desvelaría la verdad oculta de lo que realmente estaba sucediendo.

Al día siguiente, recibí una llamada que me reveló que esta noble alma había decidido renunciar a su empleo. No creo que haya sido mera casualidad que ella optara por dejar su puesto precisamente después de enterarse de que yo regresaría a trabajar allí. Todas las señales apuntaban a que su corazón ardía con celos.

Ella experimentaba incomodidad al escuchar a su esposo hablar de mí. Puedo comprender perfectamente su desasosiego al oír a su pareja mencionar tanto mi nombre. Es una reacción humanamente comprensible, pero a la vez desconcertante. Una vez más, he perdido a una amiga, y esta vez no ha sido por el temor que me arrebató a la otra, sino por los celos que han desgarrado mi vínculo con esta gran amiga. Un enigma que aún no he logrado desentrañar.

Ella no soportó la idea de que yo regresara a trabajar a aquel lugar y tener que quizás revivir la misma experiencia del pasado y escuchar a su esposo hablar de mí. 

Mi repentina salida de aquel lugar fue provocada por ella; ella era la causante de que me obligaran a abandonar aquel espacio. Los sentimientos de celos son un tormento que atormenta a cualquier ser humano, y yo puedo empatizar con quienes lo sufren, comprendiendo el calvario que atraviesan. Es doloroso saber que aquella amiga a la que tanto quisiste, a quien escuchaste con amor y afecto, sea la razón de mi salida de un trabajo que tanto me apasionaba. Podría ser sencillo dejarse llevar por la ira, pero me lleno de compasión, me envuelvo en comprensión. No puedo afirmar que ella sea una mala persona por sus acciones; simplemente fue una víctima de las tempestades que puede desatar una persona consumida por los celos.

Creo que nadie anhela vivir en el tormento que los celos traen consigo, pues estos, cual sombras inquietantes, nos arrebatan la paz. Yo elijo transformar esa posible rabia y frustración en compasión hacia aquella amiga querida, quien se vio atrapada por su propio veneno. He pagado, en efecto, el precio de esos celos, los cuales me arrebataron el trabajo que tanto amaba. Hoy, al escribir estas líneas y recordar todo lo sucedido, me embarga una profunda sensación de paz y tranquilidad, ya que en todo momento actué con buena fe, sin intención de causar daño, sino todo lo contrario. Siento un inmenso agradecimiento hacia aquella familia que me brindó la oportunidad de trabajar con ellos. Aunque solo fueron unos pocos días, su impacto en mi corazón es perdurable. A cada uno de ellos les tomé un gran cariño, un afecto que persiste hasta hoy, pues no solo es cariño, sino también respeto y admiración. Admiro a esta familia, pues siempre me trataron con dignidad y cortesía, algo que el dinero no puede comprar. El respeto es una huella impresa en el alma, una joya que no puede ser adquirida; esta familia, con su gentileza, siempre será recordada con gratitud por la forma en que me trataron.

Esta historia parece sacada de novelas, ¿no crees? A menudo pensamos que estos sucesos solo habitan en películas o relatos literarios, pero son narrativas que se entrelazan en nuestra vida cotidiana. Muchas personas, atrapadas en situaciones como estas, llevan consigo cicatrices que marcan su existencia, dejando corazones rotos y, en el peor de los casos, un profundo rencor y rabia que arde en su interior. En mi caso, quizás lo que ocurrió fue injusto, pero tras esa injusticia había una alma que buscaba liberarse de un tormento que la consumía, y eso está bien.

Comprendo que su intención no fue maliciosa; simplemente anhelaba despojarse del sufrimiento que la atormentaba, y para ello, yo debía ser eliminada de su vida. La vida siempre nos ofrece la elección entre el bien y el mal, entre el odio y el amor, entre el rencor y la compasión. No permitiré que una experiencia negativa, donde aquella a quien consideraba amiga me dio la espalda, me inunde de rencor. Seguramente su acción no fue justa, pero tampoco es equitativo que yo me llene de resentimiento hacia ella. Se necesita mucho amor y compasión para enfrentar situaciones así, sin dejar que el odio y el rencor despierten en nuestro ser. Juzgarla no serviría de nada; el verdadero enemigo son los celos, que la llevaron a actuar de esa manera.

 Ella, en realidad, es buena, pero fue víctima de la temible y destructiva naturaleza de los celos. Los celos arruinaron esta hermosa amistad que tanto valoraba. He perdonado a este ser humano excepcional; no la condenaré por sus actos, pues no soy quien para juzgar sus decisiones. Me aferraré a la parte hermosa que vi en ella: esa gran mujer dulce, trabajadora, llena de ilusiones y sueños por delante, esa maravillosa mujer de ojos azules que siempre brillarían en mi memoria.

Maria G.

Extracto de mi libro: Una vida de perdón

 

 

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lunes, 6 de enero de 2025



Mi oráculo de la envidia 

Próximamente podrás consultar si el oráculo de la envidia tiene un mensaje especialmente para ti. 

El oráculo de la envidia está diseñado para ayudar a aquellas personas que tienen la sombra de la envidia y aún no han logrado identificarla. 

Este oráculo te ayuda a descubrir si tienes una envidia que sanar para poder avanzar en tu camino espiritual.

La envidia es un estado oscuro muy tormentoso que te impide alcanzar tu mayor potencial a nivel espiritual.

La envidia te impide ser feliz y vivir una vida plena de gozo y serenidad. 

La envidia genera conflicto entre las personas y provoca separación y discordia. 

Aquel que quiera vivir en paz necesita sanar su envidia.

Es necesario que te liberes de la amargura que provoca la envidia y te des la oportunidad de ser feliz.


Asha Soy







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 La mujer buena también tiene que demostrar que es buena en la adversidad porque es muy fácil ser bueno cuando las cosas van bien pero saber ser bueno, solidario, empático, comprensivo y paciente con aquel que está enfrentando sus propias batallas y sus propios demonios es lo que te define como una buena persona.


Tener compasión por aquel que bajo su ignorancia te trata de manera incorrecta es de una buena persona. 


Perdonar aquel que te ha tratado de manera incorrecta es una buena persona. 


Aquel que prefiere callar un chisme mal intencionado es una buena persona. 


El que no envidia el éxito de otra persona es una buena persona. 


Una persona que te ofrece su ayuda de manera desinteresada es una buena persona. 


Las personas buenas no andan juzgando y  criticando aquel que está todavía enfrentando sus propias batallas y que le resta aún mucho camino por recorrer. 

Una buena persona te mirará con ojos de compasión y no te juzgará y no te criticará y no te echará en la boca de los leones.


Asha soy

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 "Soy feliz cuando veo las personas que me importan felices"


Esta típica frase demuestra que tienes una felicidad limitada.

Sentir felicidad solo por la persona que te importan demuestra tu capacidad limitada de expandir tu felicidad. 

Cuando decidimos ampliar y despertar el amor a un nivel más elevado podemos disfrutar del gozo que se puede sentir por ver felices a personas que ni siquiera conocemos. 

La felicidad es una emoción positiva que nutre nuestro estado emocional. 

Mientras más felices no sentimos más fortalezido estará nuestro estado emocional.

Tener un corazón abierto y decidido a celebrar la felicidad de los demás sin importar si sean seres queridos o personas cercanas te hace una persona con una conciencia mucho más elevada de lo que significa el amor universal.


Cuando celebras tus propios logros y los logros de tus seres queridos y los logros de personas desconocidas estas triplicando tu felicidad lo que se convertirá siempre en un beneficio a tu favor. 


Si decides celebrar la felicidad colectiva tu cuerpo y tu alma te lo agradecerán. 


Sufrir por el logro y la felicidad de los demás sólo te hace miserable e infeliz. 

La envidia es un estado del ser que se puede sanar para que puedas encontrar tu propia felicidad porque una persona envidiosa jamás podrá ser feliz. 


La felicidad está en compartir y celebrar lo bueno sin importar a quien le pertenece.


Asha soy

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 Tú puedes perdonar la traición pero eso no quiere decir que tengas que quedarte con esa persona.

Lo más sano sería que perdones y te alejes. 


Si esa persona no sana su problema de traición no puede haber una reconciliación. 


Esa persona tiene primero que sanar su problema de traición y demostrar un arrepentimiento genuino de lo contrario tú puedes perdonar pero debes a alejarte definitivamente por tu salud física y emocional.

En caso de mujeres con hijos también es lo más recomendable porque si tú no estás bien emocionalmente esto también va a afectar a tus hijos.


Una persona con problemas de traición seguirá traicionando aunque tú lo perdones. El hecho de que tú perdones y decidas continuar con la relación no quiere decir que el problema se haya solucionado. 


Su traición es una bandera roja de alerta que no puedes solucionar con un perdón.

La persona tiene que ser tratada con un profesional para que le ayude a sanar su problema de traición y así poder salvar la relación. 


Si la persona no está dispuesta a querer sanar su problema de traición tú debes mantener la decisión firme de no aceptar una reconciliación. 

Esto debes hacerlo por tu bienestar físico y emocional. 


Las personas con problemas de traición son personas que pueden causar mucho daño emocional porque seguirán traicionando y su traición te causará mucho dolor emocional.

También puedes resultar afectada con posibles y potenciales enfermedades de transmisión sexual. 


Estas son dos poderosas razones por las cuales podrás mantener una posición firme de no reconciliación con esa persona. 


Debes poner en primer lugar tu amor propio y proteger tu cuerpo y tu mente que son tu templo y solo tú podrás cuidarlo mejor que nadie. 


Recuerda siempre,


Nunca descuides tu amor propio por una relación.


Asha Soy


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sábado, 4 de enero de 2025

El dinero perdido


El dinero perdido

El dinero que nunca recibí

 

En la actualidad, la sociedad nos está conduciendo por un camino de destrucción, y lo más alarmante es que lo estamos permitiendo. El dinero, considerado el arma más destructiva del planeta, ha llevado a la devastación de naciones enteras y nos enfrenta a la amenaza de que, en el futuro, pueda ser la causa de otra destrucción histórica sin precedentes. Este recurso, que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades básicas y asegurar un lugar donde vivir, se ha transformado en un arma de doble filo.

 La raíz de este problema radica en la incapacidad del ser humano para establecer límites en relación con el significado del dinero en sus vidas. La publicidad, difundida a través de diversos medios de comunicación y redes sociales, desempeña un papel crucial en este dilema contemporáneo. Muchos han sucumbido a la trampa de una sociedad que define la felicidad en términos monetarios. Sin embargo, esta trampa trasciende la influencia de la sociedad o de los círculos familiares.

Lo más preocupante es que la humanidad parece ignorar las consecuencias fatales que pueden surgir si continúan otorgando al dinero un lugar inapropiado en sus vidas.

 

El dinero ha sido el causante de innumerables rupturas familiares, divorcios masivos, enemistades, odios y rencores, así como de guerras, masacres y actos vergonzosos ante la mirada divina. He observado que el dinero está adquiriendo cada vez más poder y, en medio de su feroz influencia, está provocando una considerable destrucción en las relaciones humanas.

Al salir de casa, me tomo un momento para observar los rostros de las personas y, en ocasiones, tengo la oportunidad de escuchar conversaciones breves. En cada diálogo, el tema del dinero surge inevitablemente como causa de discusiones, separaciones, descontento, tristeza, sufrimiento, desesperación y preocupación en numerosas familias.

Las personas se encuentran en una búsqueda frenética de más y más dinero, sin detenerse a cuestionar las razones detrás de este anhelo ni si realmente lo necesitan. En la sociedad actual, la falta de ambición puede llevar a que alguien sea considerado un fracasado.

Muchos sienten la presión social de correr de un lado a otro en pos del dinero; si uno no participa en esta carrera, puede ser etiquetado como alguien sin aspiraciones. No se debe cruzar la delgada línea que separa a quienes tienen aspiraciones de aquellos que saben vivir y fluir en el presente.

 

 

Definir la felicidad en función del dinero puede llevar a una debilidad personal, ya que condiciona nuestra satisfacción. Esto implica que, si no poseemos una cantidad suficiente de dinero, podríamos caer en la infelicidad, lo que resulta en una felicidad limitada y dependiente de factores externos. Es sorprendente cuántas millones de personas continúan trabajando por dinero que ni siquiera necesitan, atrapadas en un concepto erróneo acerca de su valor. Esta percepción errónea puede llevar a un estado de esclavitud del cual les resulta difícil liberarse.

En mi experiencia, la relación que tengo con el dinero me ha proporcionado calma y tranquilidad, ya que lo percibo de manera diferente. Considero el dinero como una herramienta esencial para la supervivencia y para satisfacer nuestras necesidades básicas, lo cual nos permite mantener o alcanzar una vida digna que todos los seres humanos merecen.

A mis 44 años, jamás he cruzado ese límite; he mantenido siempre esa visión sobre el dinero y, gracias a ello, he podido experimentar un estado de paz y armonía que de otro modo sería inalcanzable. El verdadero problema con el dinero surgen cuando se le otorga una importancia excesiva. Muchas personas están dispuestas a hacer sacrificios extremos para adquirirlo, lo que da lugar a disputas, discusiones, rencores y divisiones entre familias, parejas, amigos y otros.

La clave está en aprender a vivir y fluir en el presente, sin permitir que el dinero defina nuestra felicidad.

He enseñado a mi hija la verdadera importancia del dinero, para que no se convierta en una esclava de él. Gracias a esta educación, ella tiene un concepto más elevado del dinero, lo que le permitirá vivir en un estado de paz y armonía, y seguramente le ahorrará muchos conflictos y momentos difíciles innecesarios provocados por cuestiones financieras.

¿Te has preguntado qué relación mantienes con el dinero? ¿Has educado a tus hijos sobre su manejo? ¿Cuál es su verdadero valor?

La ambición puede ser una compañera engañosa, ya que puede llevarte a un estado de ansiedad, preocupación e insatisfacción, torturándote a lo largo de tu vida. Desde pequeña, he escuchado a muchas personas hablar sobre la ambición, enfatizando su importancia para construir un futuro exitoso. Sin embargo, me pregunto: ¿qué significa realmente el éxito?

He observado que algunas personas, en su búsqueda del éxito, se convierten en esclavas del dinero. Dedicando sus vidas a trabajar por dinero, descuidan la posibilidad de disfrutar de una existencia plena, convirtiendo al dinero en su jefe. Considero que el verdadero éxito radica en alcanzar un estado de bienestar personal. Muchos confunden el éxito con la felicidad, creyendo que, al alcanzar exito, también obtendrán felicidad.

Sin embargo, ¿cuántas personas se encuentran ahora en la cima del éxito, pero se sienten infelices al mismo tiempo?

Muchos padres han cometido el error de hablar a sus hijos de ser ambiciosos sin darse cuenta que allí es donde puede estar su verdadera perdición y condenarse a vivir una vida de miseria. Quién  busca la felicidad en el dinero solo encontrará la miseria espiritual y nunca se sentirá completo al contrario seguirá buscando ese algo que lo llene sin darse cuenta que mientras más persiga el dinero más vacío se sentirá.

 

Hubo una ocasión en la que un familiar muy cercano me pidió prestado una cantidad de dinero. Mi manera simple y austera de vivir me permitió siempre tener un poco de dinero en el bolsillo dándome así la oportunidad de prestar mi dinero a mis familiares cercanos y amistades.

 

En esos días había un familiar cercano que necesitaba dinero y se acercó a mí pidiéndome un poco de dinero prestado el cual yo sin ningún tipo de problemas acepté.

Luego de efectuar el préstamo pasó un buen tiempo. Nunca me interesé en saber cuando se me iba a entregar el dinero, siempre fui  muy desapegada del dinero pero al mismo tiempo nunca me faltó.

 

Luego de un tiempo este familiar cercano empezó a comportarse de manera diferente conmigo.Empezó a regalarme zapatillas, ropas y  comida, estaba muy sorprendida porque esta persona no era egoísta pero tampoco puedo decir que era de regalar así por así las cosas.

 

Su comportamiento me sorprendió, pero al mismo tiempo me alegró, ya que a todos nos gustan los regalos. Un día me dijo: "Mira, estas zapatillas son para ti", y al siguiente, "Tengo un dulce para ti". Este gesto continuó durante varios días. Para mi sorpresa, un día descubrí la verdadera razón detrás de su generosidad y amabilidad hacia mí.

Una tarde, me entregó una lista que contenía todos los obsequios que me había hecho, afirmando que así había saldado la deuda que tenía conmigo. En esa lista figuraban los regalos que creía recibía de manera altruista, junto con el precio de cada uno, sumando un total que supuestamente correspondía a lo que ella debía pagarme en efectivo, pero lo había hecho a su manera. Naturalmente, me quedé sin palabras. No podía creer lo que me había dicho; era casi como una burla y lo consideré una falta de respeto e irresponsabilidad.

Durante un tiempo, pensé que sus gestos generosos eran manifestaciones de cariño y afecto, solo para darme cuenta de que había tramado todo para devolverme la deuda de la manera más conveniente para ella. Lo más apropiado habría sido que me preguntara si realmente deseaba recibir el dinero a través de esos regalos o si prefería el efectivo. Sin embargo, no se tomó la molestia de consultarme sobre cómo quería que se saldara su deuda.

Esta persona se tomó la libertad de decidir cómo quería compensarme, y lo más sorprendente es que yo no le cuestioné en absoluto.

Esta experiencia resalta la importancia de tener un concepto claro sobre el dinero; si hubiera sido una persona que otorga gran relevancia al dinero, probablemente me habría molestado con este familiar cercano, y quizás la situación habría derivado en una discusión, la cual pude evitar gracias a mi perspectiva sobre el tema.

Imaginemos cómo podría haber evolucionado la situación si esta persona me hubiera ofrecido regalos en lugar de efectivo como forma de pago.

Si hubiera insistido en recibir el dinero en efectivo, ¿cómo habría podido resolver el conflicto? Ya contaba con los zapatos que me había dado y había consumido la comida, lo que complicaba las cosas, ya que ella no deseaba obsequiarme los artículos, sino simplemente compensarme de esa manera.

Hubiera sido casi imposible que ella me pagara en efectivo, ya que habría tenido darme sus regalos sin razón alguna. Dudo que ella estuviera dispuesta a ofrecerme el dinero después de haberme hecho esos obsequios; incluso si se lo hubiera solicitado, no creo que hubiera accedido a hacerlo.

El dinero no debería separar a las personas ni generar rencor o enojo entre ellas. Su propósito es satisfacer nuestras necesidades, y más allá de eso, su valor es limitado. El problema surge cuando otorgamos al dinero una importancia que supera su verdadero significado.

Cuanto más apego se tiene al dinero, mayor es la posibilidad de caer en conductas deshonestas. Esto se debe a que quienes están excesivamente atados al dinero enfrentan un conflicto interno, en el que su ansia por obtenerlo puede llevarles a actuar de manera poco ética.

En mi propia experiencia, la relación que he cultivado con el dinero me ha permitido evitar conflictos que podrían haber provocado malestar entre las partes involucradas. Hay una frase que dice que debemos saber elegir nuestras batallas, y esta era una contienda que no tenía sentido para mí, a pesar de que la acción en cuestión no fue moralmente correcta. Al escribir estas líneas, recuerdo el incidente y puedo afirmar que he perdonado un acto que, aunque pequeño, resultó significativo.

No se trata solo de dinero; también implica la manera en que actuamos ante quienes nos han prestado una suma, sin la intención de devolverla de la misma manera en que fue otorgada. Más allá de lo monetario, se trata de ser personas coherentes y honestas.

En ningún  momento se me pasó por la mente iniciar una discusión por este comportamiento  irresponsable de su parte.

En ningún momento consideré iniciar una discusión sobre su comportamiento irresponsable. Tanto mi ser querido como yo hemos demostrado quiénes somos a través de nuestras acciones, y aunque hemos cometido errores humanos, estos merecen ser perdonados.

¿Quién puede afirmar que nunca ha cometido un error en su vida? Todos hemos fallado en algún momento, y es precisamente por ello que debemos ser comprensivos y pacientes ante los errores de los demás.

A través de esta experiencia pude confirmar que el dinero no es mi prioridad porque las relaciones humanas valen mucho más.

Las posesiones que atesoras no definen tu esencia. ¡Tu auténtico valor resplandece desde lo más profundo de tu interior

Maria G.

Extracto del libro: Una vida de perdón


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