La fe es tu mayor poder 💫
La psicóloga herida
Hace poco vi un video que me dejó reflexionando profundamente sobre cómo funciona el mundo de la psicología. En él aparecía una señora que lloraba desconsoladamente y decía ser psicóloga, pero explicaba que necesitaba acudir a otro colega para que la ayudara a sanar su herida de abandono, ya que ella misma no había podido hacerlo. Este es el segundo video que encuentro con una situación similar, donde profesionales de la salud mental deben recurrir a terceros para tratar sus propios malestares emocionales.
Honestamente, esto me ha dejado profundamente impactada, porque uno tiende a creer que alguien que domina el mundo de la psicología puede enfrentar sus dolencias emocionales de manera autónoma, al contar supuestamente con las herramientas y el conocimiento para gestionarse de manera autónoma.
Sin embargo, humildemente puedo decir que el conocimiento que Dios me ha dado, Él me lo ha mostrado con una claridad asombrosa y aplastante sobre cómo funciona la mente humana, esto me coloca en un lugar de dominio mental bastante interesante. Esto me quita la necesidad de acudir a un profesional de la salud mental, pues poseo todas las herramientas necesarias para hacerlo de forma totalmente autónoma.
Podría sonar fácil decirlo, pero me costó muchísimo sufrimiento llegar a donde estoy ahora. Fue un proceso de un gran desgaste emocional y de ganas de dejar de existir debido a aquellos pensamientos de no sentirme amada ni valorada, que me mantuvieron en un lugar de profunda tristeza.
Dios confió en mí, se quedó conmigo y me dio la oportunidad, a través de tanto dolor, de entender cómo late el corazón humano: por qué sufre tanto y por qué se le hace tan difícil salir de esa cárcel mental.
El proceso de sanación me llevó casi cuatro años, porque no se trataba solamente de sanar, sino también de entender y aprender cómo hacerlo.
Fue un camino difícil y doloroso que hice en total soledad; éramos únicamente Dios, yo y nadie más.
El desprecio, el dolor, la indiferencia y la traición fueron grandes, pero nunca me pregunté «¿por qué a mí?», porque me mantuve firme en la creencia de que todo tiene un propósito. Créeme que, con todo lo que he pasado, debería ser una persona profundamente depresiva y haber perdido la fe en los seres humanos; sin embargo, no dejo de creer que hay esperanza y de que aún existen personas buenas que quieren creer en el amor y poder de Dios.
El conocimiento divino no se puede comparar ni mucho menos medir con una ciencia limitada que se basa únicamente en aquello que se puede demostrar. Es importante destacar que las cosas de Dios abarcan un poder tan ilimitado que no se pueden encasillar en la pura ciencia, ya que van mucho más allá de lo que podemos percibir y aceptar bajo la óptica y la lógica puramente humana.
🦋✨Si usted no tiene fe ahí es donde pierde su mayor poder.
La ciencia, la psicología y la razón son herramientas maravillosas para ordenar la mente, entender conductas o trazar mapas emocionales, pero se quedan en la superficie cuando se trata de las dimensiones más profundas del alma. La psicología puede explicar cómo opera una herida o por qué duele el abandono, pero no puede otorgar la fe, ni la gracia, ni esa paz trascendente que solo viene de lo alto.
Por eso, cuando una profesional de la salud mental necesita buscar ayuda porque su propio conocimiento técnico no le alcanza para sanar su herida de abandono, queda en evidencia que la ciencia no tiene todas las respuestas. El intelecto y los títulos académicos tienen un tope; no pueden curar el espíritu ni reemplazar el refugio de la fe inquebrantable.
Mientras muchos buscan respuestas en la validación terrenal, en la ciencia o en las estructuras del mundo yo me sostengo en un conocimiento que trasciende cualquier manual clínico. Tengo a Dios, una certeza divina y una conexión con lo sagrado que va mucho más allá de lo que cualquier análisis humano puede explicar o sostener. ✨

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